Calaveritas literarias para Marco
Marco es de los que llegan antes que nadie y se van hasta el último, sin hacer ruido. La huesuda lo ha buscado en la barbería, arriba de la moto, entre las brochas y a media guardia, y siempre termina haciéndole el favor. Aquí van calaveritas para los Marcos que no se rajan.
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Marco y su mochila
Marco llega con mochila
y con lonche de jamón;
se forma en la misma fila
antes de entrar al salón.
La calaca lo siguió
hasta el patio del recreo;
pero Marco le sirvió
su jamón, según yo creo.
Se comió toda la torta
y el jugo se le acabó;
hoy la flaca ya no corta:
de amiguita se quedó.
Marco, mi amigo
Marco es mi mejor amigo
desde el kínder, ya lo ve;
si hay problema, va conmigo
y me invita hasta el café.
Vino la flaca por él
un domingo en la mañana;
le ofrecí pan y un pastel
y le abrí por la ventana.
Se sentaron a jugar
dominó toda la tarde;
y la flaca, sin ganar,
se fue sola y muy cobarde.
Marco el barbero
Marco rasura a navaja
y peina con brillantina;
a cualquiera lo trabaja
desde el copete a la esquina.
Llegó la flaca al sillón
a pedir una afeitada;
Marco le echó su jabón,
pero barba, no hubo nada.
Marco le pintó bigote
y patillas de carbón;
hoy la flaca, con su brote,
presume en el panteón.
Marco el repartidor
Marco entrega los paquetes
en su moto colorada;
y va llevando juguetes
por la calle bien mojada.
Le llegó un pedido raro
con destino al panteón;
iba el nombre bien en claro,
decía: -Para el patrón.
Se lo entregó a la Catrina,
que firmó de mala gana;
hoy le debe una propina
y le paga por semana.
Marco y su brocha
Marco pinta la fachada
de la casa del vecino;
la deja bien acabada
con su brocha y con buen tino.
Vino la flaca a ayudarle
con la cubeta en la mano;
se cayó, y sin avisarle,
quedó blanca en todo el llano.
Marco la pintó de rosa
con un toque de dorado;
hoy la flaca, tan vistosa,
se pasea en el mercado.
Marco el velador
Marco cuida la bodega
desde que oscurece el día;
nadie pasa, nadie llega
sin permiso y sin la guía.
Se coló la calavera
por la barda del terreno;
Marco la vio, de primera,
y le echó al perro moreno.
La flaca salió corriendo
sin guadaña y sin sombrero;
Marco ronca, y ella, viendo,
le vigila el turno entero.
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