Calaveritas literarias para Marco

Marco es de los que llegan antes que nadie y se van hasta el último, sin hacer ruido. La huesuda lo ha buscado en la barbería, arriba de la moto, entre las brochas y a media guardia, y siempre termina haciéndole el favor. Aquí van calaveritas para los Marcos que no se rajan.

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Marco y su mochila

Marco llega con mochila y con lonche de jamón; se forma en la misma fila antes de entrar al salón. La calaca lo siguió hasta el patio del recreo; pero Marco le sirvió su jamón, según yo creo. Se comió toda la torta y el jugo se le acabó; hoy la flaca ya no corta: de amiguita se quedó.

Marco, mi amigo

Marco es mi mejor amigo desde el kínder, ya lo ve; si hay problema, va conmigo y me invita hasta el café. Vino la flaca por él un domingo en la mañana; le ofrecí pan y un pastel y le abrí por la ventana. Se sentaron a jugar dominó toda la tarde; y la flaca, sin ganar, se fue sola y muy cobarde.

Marco el barbero

Marco rasura a navaja y peina con brillantina; a cualquiera lo trabaja desde el copete a la esquina. Llegó la flaca al sillón a pedir una afeitada; Marco le echó su jabón, pero barba, no hubo nada. Marco le pintó bigote y patillas de carbón; hoy la flaca, con su brote, presume en el panteón.

Marco el repartidor

Marco entrega los paquetes en su moto colorada; y va llevando juguetes por la calle bien mojada. Le llegó un pedido raro con destino al panteón; iba el nombre bien en claro, decía: -Para el patrón. Se lo entregó a la Catrina, que firmó de mala gana; hoy le debe una propina y le paga por semana.

Marco y su brocha

Marco pinta la fachada de la casa del vecino; la deja bien acabada con su brocha y con buen tino. Vino la flaca a ayudarle con la cubeta en la mano; se cayó, y sin avisarle, quedó blanca en todo el llano. Marco la pintó de rosa con un toque de dorado; hoy la flaca, tan vistosa, se pasea en el mercado.

Marco el velador

Marco cuida la bodega desde que oscurece el día; nadie pasa, nadie llega sin permiso y sin la guía. Se coló la calavera por la barda del terreno; Marco la vio, de primera, y le echó al perro moreno. La flaca salió corriendo sin guadaña y sin sombrero; Marco ronca, y ella, viendo, le vigila el turno entero.

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