Calaveritas literarias para Manuel
A Manuel le dicen Manu en la casa y don Manuel en el trabajo, y en las dos partes lo quieren igual. La huesuda lleva rato buscándolo entre tacos, motores y micrófonos, y siempre termina invitada a la mesa. Aquí van calaveritas para todos los Manueles y Manus del barrio.
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Manuelito y su cuaderno
Manuelito va a la escuela
con su libro de lectura;
la calaca se le cuela
y le pide una figura.
Manu saca su cuaderno,
le dibuja un esqueleto;
sale bueno, sale tierno,
y le queda muy completo.
La calaca, agradecida,
le regaló su gis blanco;
y Manu, ya de salida,
le dibuja todo el banco.
Mi abuelo Manuel
Mi abuelo Manuel madruga,
se toma el café sin prisa;
a la flaca le hace fuga
nomás con una sonrisa.
La huesuda lo esperaba
sentada junto al fogón;
don Manuel le preguntaba
si quería su porción.
Se sentaron a contarse
los años, penas y amores;
y ella acabó por quedarse
cuidándole sus dolores.
Manuel se fue una mañana
del brazo de su comadre;
dejó puesta la ventana
pa que el sol siempre le cuadre.
Manuel el taquero
Manuel pone su taquiza
desde el jueves en la esquina;
el pastor se le desliza
con piña de la más fina.
Cayó la flaca de antojo,
pidió cinco de suadero;
les echó salsa del rojo
y del verde traicionero.
La huesuda se hizo nudo,
sudaba por la quijada;
por primera vez, sin duda,
la muerte quedó callada.
Manuel le sirvió un refresco
y le dio dos quesadillas;
desde entonces, muy al fresco,
ahí cena sus tortillas.
Manu, el del taller
Manu compone motores
con alambre y buena maña;
cobra poco a los señores
y a las viejitas no engaña.
La calaca fue al taller
con su carcacha fundida;
no prendía ni al querer,
con la junta ya vencida.
Manu le cambió la banda,
le ajustó la dirección;
y le dijo: - Ora sí anda,
y le dio la bendición.
Salió la flaca quemando
llanta por el bulevar;
y desde entonces va dando
vueltas por no trabajar.
Manuel, portero del llano
Manuel juega de portero
los domingos en el llano;
es un pulpo, es muy certero,
no le pasa ni un gusano.
Se apuntó la calavera
para tirar un penal;
corrió la cancha ligera
y pateó como animal.
Manuel voló de estampida,
sacó el tiro con un dedo;
la flaca quedó tendida
y gritando: - Ya no puedo.
Le dio Manuel la revancha
con torta y con limonada;
hoy la muerte, en esa cancha,
pita y no se lleva nada.
Manu en la cantina
Manu canta en la cantina
aunque nadie se lo pida;
grita como una gallina
y el mariachi se le olvida.
Llegó la muerte a callarlo,
con tapones y tijera;
ya no quiso ni llevarlo,
se quedó como cualquiera.
Pidió una de José Alfredo,
y se armó buena canción;
y aunque Manu iba sin miedo,
la flaca le dio razón.
Hoy la muerte se acomoda
en la mesa de la orilla;
y se avienta noche toda
sin llevarse ni una astilla.
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