Calaveritas literarias para Luz
Luz es un nombre corto que se presta para todos los juegos de palabras del mundo, y en noviembre se presta todavía más. Estas calaveritas la sacan del salón de clases al juzgado y hasta la cocina, con la Catrina siempre saliendo mal parada. Escoge la que le quede a tu Luz.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
Luz en el salón
La niña Luz, en su salón,
se aprendió toda la lección,
y la muerte, de mirona,
se sentó como persona.
La maestra preguntó
y la flaca respondió,
pero dijo una locura
y quedó de risa pura.
Luz le dijo: -No te apures,
ni te enojes ni murmures,
yo te explico la tablita
en el patio, en la banquita.
Ya la muerte sabe sumas
y hasta restas con sus plumas,
por su amiga tan paciente
ya no lleva ni un pariente.
La puerta de Luz
Doña Luz deja la puerta
para todos siempre abierta,
llega gente sin avisar
y ella pone otro lugar.
Una noche entró la flaca
con la niebla y su matraca,
y encontró la mesa llena
de gente y de buena cena.
Le hicieron un lugarcito
y le dieron un platito,
Luz le dio hasta su rebozo
porque el aire era un destrozo.
Se marchó de madrugada
sin llevarse a nadie, nada,
y dejó dicho en la mesa:
-Aquí vuelvo, es mi promesa.
Luz la electricista
Luz arregla el apagón
con su cinta y su tapón,
llegó la muerte a su casa
porque el cable ya no pasa.
Luz subió por la escalera
y arregló la casa entera,
puso focos y contacto
y dejó todo compacto.
La Catrina, agradecida,
le ofreció una larga vida,
pero al probar el sensor
le dio un toque del terror.
Quedó tiesa y alumbrada
como feria iluminada,
hoy le teme hasta al sensor
y a Luz le tiene temor.
Luz la fotógrafa
Luz retrata quinceañeras,
bautizos y borracheras,
llegó la muerte al estudio
sin peinado y sin preludio.
-Quiero foto de perfil,
que me vea juvenil.
Luz le puso mucha luz
y un sombrero andaluz.
Le tomó como trescientas
y las vio todas contentas,
pero en todas se veía
pura calaca vacía.
-Es que así soy, dijo Luz,
no le invento ni una cruz.
La flaca pagó el paquete,
hoy la enseña en su carrete.
Luz la abogada
Luz defiende en el juzgado
al que llega más quemado,
y la muerte, bien formal,
la demandó al tribunal.
-Este hombre ya era mío,
y ella lo salvó del frío.
Y Luz abrió su expediente
y le habló muy claramente:
-Su papel no está sellado,
ni firmado, ni fechado,
y en la ley del mero cielo
eso no se vale un pelo.
El juez le dio la razón
y la muerte fue al panteón
a llenar su papeleo
y a mandarlo por correo.
Luz la repostera
Luz hornea pastelitos
grandes, chicos y bonitos,
llegó la muerte a comprar
un pastel para brindar.
-Que le pongan mi retrato,
y que dure un largo rato.
Luz batió con mucho esmero
y le puso hasta un letrero.
Al probarlo, la Catrina
se manchó toda la espina,
se atragantó con la fresa
y rodó bajo la mesa.
Luz la levantó del suelo
y le prestó su pañuelo,
y hoy la flaca, cada año,
encarga el suyo, sin daño.
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