Calaveritas literarias para Lucía
A Lucía casi siempre le dicen Lucha, y el apodo le queda: donde ella pone orden, hasta la huesuda se forma. Aquí van calaveritas para dedicarle en el altar, en la escuela o en la sobremesa del dos de noviembre.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
Lucía en el recreo
Lucía llega temprano
con su mochila de flores,
saluda a todos de mano
y reparte sus colores.
La flaca llegó al recreo
con su lista y su bastón:
-Vengo por ti, ya lo veo,
mas primero, ese balón.
Lucía le prestó el juego
y jugaron sin parar;
la huesuda dijo luego:
-Yo aquí me quiero quedar.
Ya sonó la campanita
y la flaca se quedó
de portera en la banquita,
sin llevarse a quien buscó.
Lucha, mi comadre
Lucha, luz de la mañana,
café, chisme y buen humor;
contigo cualquier semana
se compone con tu amor.
La Catrina te ha rondado
buscando a quién abrazar;
yo le dije: -Doña, al lado,
que a mi Lucha va a dejar.
Si te lleva la Catrina
por la puerta del jardín,
dejarás en mi cocina
tu perfume de jazmín.
Y cuando venga la huesuda
le sirvo un café cargado,
a ver si con esa ayuda
se le olvida tu recado.
Lucía en la estética
En la estética, Lucía
corta, tiñe y hace chinos;
sale guapo quien venía
con las greñas como espinos.
Llegó la flaca un domingo
pidiendo un buen tratamiento:
-Yo también, aunque lo fingo,
quiero pelo en un momento.
Lucía sacó extensiones,
tinte güero y un cepillo;
tras dos horas de jalones
la dejó con un flequillo.
Se miró en el espejito,
tan bonita se sintió,
que dejó aquel encarguito
y hasta propina pagó.
Los tacos de doña Lucha
En el puesto, doña Lucha
sirve tacos de pastor;
la fila crece y se escucha
el aplauso al buen sabor.
La Catrina se formó
con su lista bajo el brazo;
tanto humito la tentó
que pidió un taco y un vaso.
Le sirvió Lucha tres tacos
con cebolla y con limón;
hasta los huesos más flacos
se llenaron de sazón.
Se olvidó de su encomienda
y volvió a la otra semana;
hoy la flaca está en la tienda
y grita: -¡Pásele, hermana!
Lucía en el gimnasio
Al gimnasio va Lucía
con sus pesas y su liga;
suda, salta y desafía
al espejo y la fatiga.
Vino la muerte a buscarla
a la clase de la danza;
quiso a fuerzas atraparla
pero perdió la esperanza.
Bailaron cumbia y danzón,
merengue, salsa y bolero;
la flaca perdió el tacón
y su lista, y su sombrero.
Acabó la calavera
con las canillas temblando;
y hoy Lucía, la primera,
sigue viva y entrenando.
La contadora Lucía
Lucía saca las cuentas
del negocio y del hogar;
no se le escapan las ventas
ni un centavo por sumar.
Fue la muerte a la oficina
con la factura final:
-Vengo por usted, vecina,
ya cerró usted su local.
Lucía sacó el balance
y le revisó la suma:
-Le sobró un cero, no avance,
esa cifra se me esfuma.
Hoy la muerte, arrepentida,
le pidió que le haga el corte,
y salió de allí, vencida,
con su lista y sin su norte.
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