Calaveritas literarias para Lourdes
A las Lourdes casi nadie les dice Lourdes: son Lulú desde la primaria. Aquí van unas calaveritas dedicadas a ellas, del cuaderno de la escuela al puesto del mercado, con la Catrina metida donde nadie la llamó. Hay una tranquila para los niños y otras para reírse en la sobremesa.
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Lulú y su cuaderno
Lulú pinta su cuaderno
con un sol y un lago tierno,
llegó la muerte a mirar
y se puso a dibujar.
Se chorreó la pintura
y le quedó una figura
más chistosa que un payaso,
con un ojo y un brazo.
Lulú no se burló de ella
y le puso hasta una estrella,
la colgó en el pizarrón
y le dieron un crayón.
La calaca, muy contenta,
ya no lleva a nadie, cuenta,
pues ya pinta en el recreo
con Lulú, según yo creo.
La cocina de Lourdes
Lourdes prende la cocina
con su rezo y su rutina,
y la muerte, en el fogón,
se calienta el esternón.
Le sirvió un caldo caliente
sin pedirle ni un pendiente,
y la flaca lo sopló
y hasta el hueso le sonó.
-Yo venía por el alma,
dijo, y se quedó en calma,
pero un caldo así de bueno
no se toma en cielo ajeno.
Año con año, la flaca,
deja lista y deja placa,
y se sienta a merendar
sin querérsela llevar.
Lulú la costurera
Lourdes cose de mañana
lo que rompe la semana,
llegó la flaca en un hilo
con su túnica sin filo.
-Se me deshiló el vestido,
ya no espanto ni al marido.
Lulú midió su costilla
y sacó cinta amarilla.
Le cosió el vestido entero
con encaje y con esmero,
le bordó su calavera
y un listón en la cadera.
Se miró en el espejito
y soltó tremendo grito,
se olvidó de la difunta
y hoy modela, no pregunta.
Lourdes la florista
Lulú vende flor de muerto
en su puesto siempre abierto,
llegó la flaca al mercado
por un ramo bien pagado.
-Es que hoy es mi cumpleaños,
ya cumplí como mil años.
Lulú le juntó un manojo
de amarillo y de rojo.
Se lo dio sin cobrar nada
y le dijo, emocionada:
-Felicidades, comadre,
salúdeme hasta su madre.
La huesuda lloró un rato
y le ofreció luego un trato:
-Todo el año compro flor
y tú vives sin temor.
Lulú en la caja
Lulú cobra en la tiendita
y se sabe la listita
de fiados del vecindario,
que es más largo que un rosario.
Llegó la muerte a pedir
un fiado, y sin decir
cuándo pensaba pagar
ni con qué iba a saldar.
Lulú sacó su cuaderno
y le abrió un fiado eterno,
con intereses y todo
y firmadito a su modo.
Ya le debe una fortuna
y le cobra cada luna,
por eso a Lulú no toca,
que la deuda no es tan poca.
Lourdes la veterinaria
Lourdes cura perros flacos
y hasta gatos medio opacos,
llegó la muerte con su perro
más antiguo que aquel cerro.
-Ya no ladra, ya no muerde,
ya ni el hueso se le pierde.
Lulú lo revisó entero
y le dijo: -Compañero,
este perro no está muerto,
nomás anda medio tuerto.
Le puso su vacunita
y una crema muy bonita.
Y el difunto perro aquel
salió corriendo con él;
la Catrina se quedó
sin el perro que cuidó.
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