Calaveritas literarias para Lourdes

A las Lourdes casi nadie les dice Lourdes: son Lulú desde la primaria. Aquí van unas calaveritas dedicadas a ellas, del cuaderno de la escuela al puesto del mercado, con la Catrina metida donde nadie la llamó. Hay una tranquila para los niños y otras para reírse en la sobremesa.

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Lulú y su cuaderno

Lulú pinta su cuaderno con un sol y un lago tierno, llegó la muerte a mirar y se puso a dibujar. Se chorreó la pintura y le quedó una figura más chistosa que un payaso, con un ojo y un brazo. Lulú no se burló de ella y le puso hasta una estrella, la colgó en el pizarrón y le dieron un crayón. La calaca, muy contenta, ya no lleva a nadie, cuenta, pues ya pinta en el recreo con Lulú, según yo creo.

La cocina de Lourdes

Lourdes prende la cocina con su rezo y su rutina, y la muerte, en el fogón, se calienta el esternón. Le sirvió un caldo caliente sin pedirle ni un pendiente, y la flaca lo sopló y hasta el hueso le sonó. -Yo venía por el alma, dijo, y se quedó en calma, pero un caldo así de bueno no se toma en cielo ajeno. Año con año, la flaca, deja lista y deja placa, y se sienta a merendar sin querérsela llevar.

Lulú la costurera

Lourdes cose de mañana lo que rompe la semana, llegó la flaca en un hilo con su túnica sin filo. -Se me deshiló el vestido, ya no espanto ni al marido. Lulú midió su costilla y sacó cinta amarilla. Le cosió el vestido entero con encaje y con esmero, le bordó su calavera y un listón en la cadera. Se miró en el espejito y soltó tremendo grito, se olvidó de la difunta y hoy modela, no pregunta.

Lourdes la florista

Lulú vende flor de muerto en su puesto siempre abierto, llegó la flaca al mercado por un ramo bien pagado. -Es que hoy es mi cumpleaños, ya cumplí como mil años. Lulú le juntó un manojo de amarillo y de rojo. Se lo dio sin cobrar nada y le dijo, emocionada: -Felicidades, comadre, salúdeme hasta su madre. La huesuda lloró un rato y le ofreció luego un trato: -Todo el año compro flor y tú vives sin temor.

Lulú en la caja

Lulú cobra en la tiendita y se sabe la listita de fiados del vecindario, que es más largo que un rosario. Llegó la muerte a pedir un fiado, y sin decir cuándo pensaba pagar ni con qué iba a saldar. Lulú sacó su cuaderno y le abrió un fiado eterno, con intereses y todo y firmadito a su modo. Ya le debe una fortuna y le cobra cada luna, por eso a Lulú no toca, que la deuda no es tan poca.

Lourdes la veterinaria

Lourdes cura perros flacos y hasta gatos medio opacos, llegó la muerte con su perro más antiguo que aquel cerro. -Ya no ladra, ya no muerde, ya ni el hueso se le pierde. Lulú lo revisó entero y le dijo: -Compañero, este perro no está muerto, nomás anda medio tuerto. Le puso su vacunita y una crema muy bonita. Y el difunto perro aquel salió corriendo con él; la Catrina se quedó sin el perro que cuidó.

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