Calaveritas literarias para Lorenzo
Lorenzo y Lencho son el mismo señor, nada más que uno firma y el otro contesta desde la cocina. La flaca lo ha buscado en la carnicería, en el poste de la luz, entre los rosales y hasta a media serenata, y siempre se va con las manos vacías. Aquí van calaveritas para los Lorenzos de siempre.
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Lencho y su bicicleta
Lencho llega en bicicleta
con su gorra de campeón;
y en la clase se completa
con la tabla y la lección.
La calaca lo esperaba
en la esquina de la acera;
lo corrió y no lo alcanzaba:
Lencho ganó la carrera.
La flaca quedó cansada
con la lengua hasta el ombligo;
y hoy le pide, de pasada,
que la lleve como amigo.
Mi papá Lorenzo
Mi papá, que es don Lorenzo,
no descansa ni un ratito;
desde el lunes yo comienzo
a esperarlo en el banquito.
Vino la flaca a la puerta
con su lista y su costal;
lo buscó por esa huerta
y él seguía en el jacal.
Lo encontró de madrugada
componiendo su motor;
se quedó tan admirada
que hoy le ayuda con amor.
Lencho el carnicero
Lencho corta la costilla
con cuchillo bien filoso;
deja el hueso sin mancilla
y el bistec bien primoroso.
Llegó la flaca al mercado
a comprar para el caldito;
iba el hueso bien pelado
y el bolsillo bien flaquito.
Lencho le pesó el pellejo
y le dio hueso de más;
hoy le limpia hasta el espejo
y no pide a nadie más.
Lorenzo y los cables
Lorenzo es electricista
y no teme al apagón;
sube al poste como artista
con su pinza y su cordón.
Llegó la flaca al tendido
a cortarle la corriente;
pero el hueso, mal medido,
le dio un toque bien caliente.
Quedó la flaca prendida
como foco en el zaguán;
y a Lorenzo, agradecida,
cada tarde le da pan.
Lencho el jardinero
Lencho poda los rosales
y les habla en la mañana;
y hasta riega los nopales
al sonar de la campana.
Llegó la flaca temprano
a cortar la flor de muerto;
se le fue de entre la mano
y cayó en el pasto abierto.
Lencho le cortó un ramito
y le dio la regadera;
hoy la flaca, de a poquito,
va sembrando donde quiera.
Lorenzo y su trompeta
Lorenzo toca trompeta
con el traje bien planchado;
se acomoda la chaqueta
y arranca bien afinado.
Llegó la flaca a pedirle
las mañanitas cantadas;
pero al ir a repetirle
se quedó sin las quijadas.
Lorenzo le dio un tequila
y le amarró la quijada;
hoy la flaca hace la fila
y le paga la tocada.
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