Calaveritas literarias para Lorena
Lorena no se anda con rodeos, y por eso hasta la huesuda le tiene respeto. Estos versos sirven para leerlos en la ofrenda, en la comida familiar o en la fiesta del barrio.
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Lorena en la banca de la escuela
Lorena llega temprano
con su lonche y su mochila;
va cantando por el llano
y saluda por la fila.
En la banca de madera
la esperaba una calaca,
con su moño y su tijera
y una risa medio flaca.
Lorena le dio su goma,
la mitad de su galleta,
un lugar y una paloma
dibujada en la libreta.
La calaca, tan contenta
con su goma y su galleta,
ya ni sabe lo que cuenta
y dejó su lista quieta.
Lore de todos los días
Lore es de las que se avienta
cuando el otro va cayendo;
no pregunta ni se ausenta,
llega y se queda barriendo.
La huesuda la buscó
por la calle, en el mercado;
preguntó y le respondió
todo el barrio, alborotado.
-Aquí no se lleva a Lore,
dijo el dueño de la esquina;
-ni un pedazo, aunque llore,
dijo doña Catalina.
La huesuda, ya cansada,
se sentó en una banqueta;
dijo: -Vuelvo en temporada,
y rompió su papeleta.
Lorena la taquera
Lorena pone su plancha
en la banqueta más ancha;
suelta al aire su pastor
y se llena el mostrador.
Se paró la calavera
en la fila, la primera:
-Deme cinco de suadero
y de tripa el más ligero.
Lorena sirvió el pedido
con cilantro bien molido;
le echó salsa de la brava
y la flaca ya lloraba.
La huesuda, colorada,
ya no quiso hacer su entrada;
se quedó junto al carbón
soplándose el pantalón.
Lore la veterinaria
Lore cura a los perritos
que le llegan malheridos;
les receta sus poquitos
y los deja consentidos.
La Catrina le llevó
su perico de ultratumba:
-Se me cae y no voló,
y el plumaje se derrumba.
Lore le tomó la placa,
le dio alpiste y vitamina;
le cosió el ala más flaca
con su aguja de cocina.
El perico echó a volar
con la lista en una pata;
la Catrina, sin pensar,
lo persigue con su bata.
Lore la de la combi
Lore maneja el transporte
de la ruta del oriente;
va derecho para el norte
con la combi bien caliente.
Se subió la calaquita
sin pagar el pasajito,
con su bolsa muy solita
y un papel arrugadito.
En un tope, de repente,
Lore frenó de contado;
la huesuda salió al frente
y aterrizó en el mandado.
Se paró bien mareada,
sin papel y sin razón;
se bajó en esa parada
y hoy le cobra a otro camión.
Lore en el karaoke
Lore agarra la bocina
y se avienta una ranchera;
se levanta la vecina
y le aplaude hasta cualquiera.
Se coló la calaquita
con la voz aguardentosa:
-Yo me sé la más bonita
y la canto muy sabrosa.
Lore le prestó el lugar
y le puso su canción;
la huesuda echó a cantar
y se descosió el pulmón.
Desafinó el estribillo,
perdió el tono y el compás;
y de pena, muy sencillo,
se salió y no volvió más.
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