Calaveritas literarias para Liliana

Liliana es de esos nombres que se acortan a Lili en cuanto hay confianza. Estas calaveritas la sacan a pasear por el recreo, el salón de belleza y hasta la oficina, siempre con la Catrina pisándole los talones. Hay una para leer con niños y otras para la carrilla entre amigos.

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Lili en el recreo

Lili corre en el recreo con su trenza y su meneo, va la muerte de la mano muy contenta, muy temprano. Se pusieron a la cuerda y la flaca dio a la izquierda, se enredó de los tobillos y perdió tres huesecillos. Lili la ayudó a juntarlos sin reírse de contarlos, y la muerte, apenadita, le prestó su calaquita. Sonó el timbre del salón y acabó la diversión, la Catrina se despide y otro recreo le pide.

Liliana llega temprano

Liliana llega temprano con un pan y con la mano lista para levantar al que ya no puede andar. La flaca la anda siguiendo desde marzo, y va aprendiendo a servir un buen café sin decir por qué ni a qué. -Ya me voy, dijo la huesuda, que aquí sobra quien ayuda; me ganaron el mandado y hasta el cuarto está arreglado. Liliana la despidió con un té que le sirvió, y la muerte, arrepentida, le dejó su propia vida.

Lili la estilista

En el salón de Liliana hay tumulto la semana, llegó la muerte de urgencia sin su cita y sin paciencia. -Quiero rayos y unas luces, que ya traigo puras cruces. Lili le pasó el espejo y le dio hasta su consejo: -Comadrita, no hay cabello, es puro hueso y puro cuello. La Catrina se enojó y la lista le sacó. Lili le puso un tocado de cempasúchil bordado, y salió tan orgullosa que olvidó su lista odiosa.

Liliana la enfermera

Liliana da la inyección sin temblarle el corazón, llegó la muerte a la sala con su lista y con su bala. Lili le tomó presión y le dijo: -Sin pulmón, sin riñones y sin venas, usted no anda nada buena. La formó en la sala de espera detrás de una fila entera, y le dieron su turnito para el jueves, tempranito. La huesuda se aburrió y en la silla se durmió, y hoy sigue en el pasillo con su ficha y su banquillo.

Lili la tamalera

Liliana vende tamales de esos verdes y especiales, llegó la flaca a la esquina con un peso y su bocina. -Regáleme uno de rajas, que ya vengo de mis bajas. Lili le sirvió el atole y un tamal de puro mole. Se comió como quinientos y le entraron los lamentos, ya no pudo ni cargar ni su lista levantar. Se rodó por la banqueta bien redonda y bien repleta, y en lugar de andar cobrando hoy la vemos despachando.

Liliana contadora

Liliana saca las cuentas y no falla ni en las ventas, la flaca llegó con lista para pasar de revista. -Vengo por su deducción, dijo con mala intención. Lili sacó su carpeta y una hojita bien completa. -Usted no está registrada, ni ha facturado usted nada, le van a caer las multas por sus cuentas tan ocultas. La Catrina se espantó y la lista se guardó, y hoy le paga a Liliana su papel cada semana.

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