Calaveritas literarias para Liliana
Liliana es de esos nombres que se acortan a Lili en cuanto hay confianza. Estas calaveritas la sacan a pasear por el recreo, el salón de belleza y hasta la oficina, siempre con la Catrina pisándole los talones. Hay una para leer con niños y otras para la carrilla entre amigos.
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Lili en el recreo
Lili corre en el recreo
con su trenza y su meneo,
va la muerte de la mano
muy contenta, muy temprano.
Se pusieron a la cuerda
y la flaca dio a la izquierda,
se enredó de los tobillos
y perdió tres huesecillos.
Lili la ayudó a juntarlos
sin reírse de contarlos,
y la muerte, apenadita,
le prestó su calaquita.
Sonó el timbre del salón
y acabó la diversión,
la Catrina se despide
y otro recreo le pide.
Liliana llega temprano
Liliana llega temprano
con un pan y con la mano
lista para levantar
al que ya no puede andar.
La flaca la anda siguiendo
desde marzo, y va aprendiendo
a servir un buen café
sin decir por qué ni a qué.
-Ya me voy, dijo la huesuda,
que aquí sobra quien ayuda;
me ganaron el mandado
y hasta el cuarto está arreglado.
Liliana la despidió
con un té que le sirvió,
y la muerte, arrepentida,
le dejó su propia vida.
Lili la estilista
En el salón de Liliana
hay tumulto la semana,
llegó la muerte de urgencia
sin su cita y sin paciencia.
-Quiero rayos y unas luces,
que ya traigo puras cruces.
Lili le pasó el espejo
y le dio hasta su consejo:
-Comadrita, no hay cabello,
es puro hueso y puro cuello.
La Catrina se enojó
y la lista le sacó.
Lili le puso un tocado
de cempasúchil bordado,
y salió tan orgullosa
que olvidó su lista odiosa.
Liliana la enfermera
Liliana da la inyección
sin temblarle el corazón,
llegó la muerte a la sala
con su lista y con su bala.
Lili le tomó presión
y le dijo: -Sin pulmón,
sin riñones y sin venas,
usted no anda nada buena.
La formó en la sala de espera
detrás de una fila entera,
y le dieron su turnito
para el jueves, tempranito.
La huesuda se aburrió
y en la silla se durmió,
y hoy sigue en el pasillo
con su ficha y su banquillo.
Lili la tamalera
Liliana vende tamales
de esos verdes y especiales,
llegó la flaca a la esquina
con un peso y su bocina.
-Regáleme uno de rajas,
que ya vengo de mis bajas.
Lili le sirvió el atole
y un tamal de puro mole.
Se comió como quinientos
y le entraron los lamentos,
ya no pudo ni cargar
ni su lista levantar.
Se rodó por la banqueta
bien redonda y bien repleta,
y en lugar de andar cobrando
hoy la vemos despachando.
Liliana contadora
Liliana saca las cuentas
y no falla ni en las ventas,
la flaca llegó con lista
para pasar de revista.
-Vengo por su deducción,
dijo con mala intención.
Lili sacó su carpeta
y una hojita bien completa.
-Usted no está registrada,
ni ha facturado usted nada,
le van a caer las multas
por sus cuentas tan ocultas.
La Catrina se espantó
y la lista se guardó,
y hoy le paga a Liliana
su papel cada semana.
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