Calaveritas literarias para Lilia

Lilia tiene mano para la cocina y cabeza para las cuentas, y con las dos se defiende. La huesuda la ha ido a buscar al comal, a la fonda, al escritorio y hasta a la ventanilla del banco, y de todas se va con las manos vacías. Aquí quedan sus versos.

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Lilia y su canción

Lilia canta en el salón con su voz de campanita; se aprendió cada renglón de la ronda favorita. La calaca entró a cantar y desafinó completo; no le pudo ni atinar ni al principio del cuarteto. Lilia le enseñó la nota con paciencia y sin protesta; hoy la flaca canta y trota y hoy dirige ella la orquesta.

Lilia, mi mamá

Lilia me peinó de niña y me enseñó a caminar; me curó de cada riña sin dejarme de abrazar. Vino la flaca a la casa con su lista y su sombrero; mi mamá le dijo: -Pasa, pero come tú primero. La calaca repitió tres platitos de cocido; y a mi madre le dejó un mandil agradecido.

Lilia y su fonda

Lilia atiende bien su fonda con el menú de este día; no hay panza que no responda a su sopa y su alegría. Llegó la muerte a comer el menú de la comida; no le pudo ni morder la costilla consentida. Lilia le sirvió tres platos y le dio su servilleta; hoy la flaca, sin recato, se formó de la banqueta.

Lilia y su comal

Lilia palmea el comal desde antes de que amanezca; no hay tortilla que esté mal ni masa que se endurezca. Cayó la flaca al molino por su kilo de tortilla; se metió por el camino de la masa y la semilla. Y salió hecha una tortilla aplanada del comal; hoy la venden por sencilla en el puesto del portal.

Lilia y sus papeles

Lilia archiva los papeles y contesta el interfón; sabe firmas y niveles y secretos del patrón. Llegó la flaca a firmar el permiso de un difunto; Lilia la mandó a formar y a volver por otro asunto. Le faltó el acta sellada y la firma del doctor; hoy la muerte, apachurrada, sigue en fila y sin humor.

Lilia en la ventanilla

Lilia cuenta los billetes en su vieja ventanilla; no le fallan los paquetes ni le sobra una semilla. Fue la flaca a retirar sus ahorros de un tostón; no traía qué mostrar, pues no tiene ni un talón. Lilia le negó el retiro con su sello y su razón; hoy la flaca, sin un giro, hace cola en el cajón.

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