Calaveritas literarias para Leticia
Leticia se vuelve Lety en cuanto entra la confianza, que es casi siempre. La huesuda le ha rondado el salón de clases, la mesa de los pasteles y hasta la feria del pueblo, y de todos lados sale con antojo y sin difunto. Aquí van calaveritas para las Lety que no le sacan a nada.
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Lety y la hora del cuento
Lety llega a la lectura
con un cuento de la selva;
y lo lee con soltura,
hasta que el final resuelva.
Una calaca chiquita
se sentó junto al tapete;
escuchó bien calladita
como un niño de juguete.
Al final pidió otro cuento,
y otro, y otro, y otro más;
se le fue todo el momento
y no se acordó jamás.
Cuando el timbre ya sonaba,
se marchó con mucha pena;
hoy regresa cuando acaba
por su cuento de la buena.
Doña Lety, mi mamá
Doña Lety, mi mamá,
nunca dice: - Ya no va;
si hay pa tres, alcanza a quince,
y esa olla a nadie vence.
Vino la flaca a comer,
se sirvió sin conocer;
repitió tres veces sopa
y se le manchó la ropa.
Lety le lavó el vestido,
se lo puso bien tendido;
y la muerte, agradecida,
le alargó tantita vida.
Cuando a Lety se la lleve,
que sea un día que llueve;
pa que el agua tape el llanto
y no se nos note tanto.
Lety, la maestra de kínder
Lety enseña a los pequeños
a cantar y a compartir;
les acomoda los sueños
y los hace hasta reír.
La calaca se inscribió
en el grupo de mañana;
su mochila no cerró
con su lonche de manzana.
Cuando toca la tarea,
la calaca se rebela;
se revuelca y patalea
y se sale de la escuela.
Lety le puso una estrella
en la frente, como premio;
y desde entonces, por ella,
se porta bien todo el trienio.
Lety, la repostera
Lety hornea los pasteles
pa los quince y pa las bodas;
los adorna con sus mieles
y se los acaban todas.
Encargó la calavera
un pastel de tres pisitos;
pa su fiesta, la primera,
con dos velas y angelitos.
Lety armó betún de rosa,
con relleno de cajeta;
le quedó una cosa hermosa
y una vela bien coqueta.
La flaca sopló las velas
y voló todo el betún;
hoy se lame hasta las muelas
sin llevarse a nadie, aún.
Lety, la secretaria
Lety manda en la oficina
aunque el jefe diga no;
ella firma, ella destina,
ella sabe quién pasó.
Fue la muerte a hacer su cita
pa llevarse a don Ramiro;
Lety le pidió una hojita
con dos sellos y su giro.
La mandó por más papeles,
por su acta y una firmita;
por dos copias muy bien fieles
más recibo de la cita.
Lleva diez años la flaca
formada en la ventanilla;
y don Ramiro se saca
otros años en su silla.
Lety y la lotería
Lety canta lotería
en la feria del pueblito;
grita: - El diablo, la sandía,
y les llena su cuadrito.
La muerte pidió cartón
y frijoles pa jugar;
se sentó junto al fogón
y se puso a esperar.
Lety cantó carta a carta,
el catrín y la campana;
y a la muerte, que se harta,
no le salió ni una rana.
Ganó doña Rosalía,
la vecina de noventa;
y la flaca, todavía,
sigue ahí, pidiendo cuenta.
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