Calaveritas literarias para Leticia

Leticia se vuelve Lety en cuanto entra la confianza, que es casi siempre. La huesuda le ha rondado el salón de clases, la mesa de los pasteles y hasta la feria del pueblo, y de todos lados sale con antojo y sin difunto. Aquí van calaveritas para las Lety que no le sacan a nada.

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Lety y la hora del cuento

Lety llega a la lectura con un cuento de la selva; y lo lee con soltura, hasta que el final resuelva. Una calaca chiquita se sentó junto al tapete; escuchó bien calladita como un niño de juguete. Al final pidió otro cuento, y otro, y otro, y otro más; se le fue todo el momento y no se acordó jamás. Cuando el timbre ya sonaba, se marchó con mucha pena; hoy regresa cuando acaba por su cuento de la buena.

Doña Lety, mi mamá

Doña Lety, mi mamá, nunca dice: - Ya no va; si hay pa tres, alcanza a quince, y esa olla a nadie vence. Vino la flaca a comer, se sirvió sin conocer; repitió tres veces sopa y se le manchó la ropa. Lety le lavó el vestido, se lo puso bien tendido; y la muerte, agradecida, le alargó tantita vida. Cuando a Lety se la lleve, que sea un día que llueve; pa que el agua tape el llanto y no se nos note tanto.

Lety, la maestra de kínder

Lety enseña a los pequeños a cantar y a compartir; les acomoda los sueños y los hace hasta reír. La calaca se inscribió en el grupo de mañana; su mochila no cerró con su lonche de manzana. Cuando toca la tarea, la calaca se rebela; se revuelca y patalea y se sale de la escuela. Lety le puso una estrella en la frente, como premio; y desde entonces, por ella, se porta bien todo el trienio.

Lety, la repostera

Lety hornea los pasteles pa los quince y pa las bodas; los adorna con sus mieles y se los acaban todas. Encargó la calavera un pastel de tres pisitos; pa su fiesta, la primera, con dos velas y angelitos. Lety armó betún de rosa, con relleno de cajeta; le quedó una cosa hermosa y una vela bien coqueta. La flaca sopló las velas y voló todo el betún; hoy se lame hasta las muelas sin llevarse a nadie, aún.

Lety, la secretaria

Lety manda en la oficina aunque el jefe diga no; ella firma, ella destina, ella sabe quién pasó. Fue la muerte a hacer su cita pa llevarse a don Ramiro; Lety le pidió una hojita con dos sellos y su giro. La mandó por más papeles, por su acta y una firmita; por dos copias muy bien fieles más recibo de la cita. Lleva diez años la flaca formada en la ventanilla; y don Ramiro se saca otros años en su silla.

Lety y la lotería

Lety canta lotería en la feria del pueblito; grita: - El diablo, la sandía, y les llena su cuadrito. La muerte pidió cartón y frijoles pa jugar; se sentó junto al fogón y se puso a esperar. Lety cantó carta a carta, el catrín y la campana; y a la muerte, que se harta, no le salió ni una rana. Ganó doña Rosalía, la vecina de noventa; y la flaca, todavía, sigue ahí, pidiendo cuenta.

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