Calaveritas literarias para Julián

Julián se lleva el nombre y también el susto en estas calaveritas, aunque siempre acaba dejando a la Catrina con un pendiente. Aquí lo encuentran en el taller, en la ruta del correo y hasta cuidando la bodega de noche. Van bien en el altar, en la escuela o en la sobremesa del dos de noviembre.

¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con el nombre y los detalles que tú quieras.

El gato de Julián

Julián llega a la escuelita con su gorra y su bolsita; pinta soles amarillos y unos perros muy sencillos. Se metió la calaquita al recreo, muy solita: -Ya, Julián, deja el crayón, que te toca hoy el cajón. Julián dijo: -Ahí te va: píntame un gato quizá; si te sale bien bonito, me voy hoy, mi esqueletito. La calaca hizo su gato y salió como zapato; tanto tiempo se llevó que el recreo se acabó.

Julián suelta la bicicleta

Julián le enseñó a su niño a rodar sin las rueditas; lo soltó, con su cariño, y corrió tras las llantitas. Vino a verlo la Catrina una tarde de febrero: -Ya te toca, ya se afina tu partida, compañero. Julián dijo: -Nomás deja que le enseñe la bajada; son dos vueltas a la reja y me voy sin decir nada. La Catrina se sentó en la banca del lugar; el niño ya se aprendió y ella se puso a rodar.

La suela de la flaca

Julián compone zapatos allá en su puesto, en dos ratos; pone suela y su tacón y le cose hasta el talón. Llegó la flaca cojeando, la sandalia va arrastrando: -Póngame suela y hebilla y me llevo esta rodilla. Julián le midió aquel pie y le dijo: -Yo no sé: no hay empeine ni hay talón, puro hueso y puro son. Le clavó suela y tachuela, le dio brillo de canela; hoy la flaca, remendada, va bailando la tonada.

El telegrama de Julián

Julián reparte el correo por las calles del rodeo; sube cerros, cruza el llano y entrega todo en la mano. Le llegó un telegramita de la mera calaquita: -Julián, ya te toca a ti, firma aquí y ven por mí. Julián vio aquel sobrecito y le dijo: -Muy bonito, pero falta la estampilla, el remite y la casilla. Se la devolvió al buzón por falta de dirección; hoy la flaca hace la fila y le compra su estampilla.

La noche de Julián

Julián vela la bodega desde que la noche llega; con su lámpara y su silla no se le escapa una orilla. A la una brincó la flaca por la barda, muy bellaca: -Traigo listo tu sustito y me llevo al jovencito. Julián prendió su linterna y le echó la luz eterna; la calaca se cegó y en un bote se metió. Amaneció en la bodega entre cajas y una entrega; hoy la flaca checa entrada y le cubre la jornada.

El pipián de Julián

Julián guisa el mole verde, el rojo y el que se pierde; sazona con su tantito y le queda muy bonito. Entró la flaca a la fonda con un hambre de mala onda: -Sírvame de lo que sea y a Julián, pa' que me vea. Julián le sirvió el pozole, el pipián y luego el mole; le puso arroz y frijoles y unos chiles españoles. Repitió como tres veces y no supo ni de meses; hoy no viene por Julián: viene por su buen pipián.

También te puede servir

💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora más calaveritas literarias.