Calaveritas literarias para Julián
Julián se lleva el nombre y también el susto en estas calaveritas, aunque siempre acaba dejando a la Catrina con un pendiente. Aquí lo encuentran en el taller, en la ruta del correo y hasta cuidando la bodega de noche. Van bien en el altar, en la escuela o en la sobremesa del dos de noviembre.
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El gato de Julián
Julián llega a la escuelita
con su gorra y su bolsita;
pinta soles amarillos
y unos perros muy sencillos.
Se metió la calaquita
al recreo, muy solita:
-Ya, Julián, deja el crayón,
que te toca hoy el cajón.
Julián dijo: -Ahí te va:
píntame un gato quizá;
si te sale bien bonito,
me voy hoy, mi esqueletito.
La calaca hizo su gato
y salió como zapato;
tanto tiempo se llevó
que el recreo se acabó.
Julián suelta la bicicleta
Julián le enseñó a su niño
a rodar sin las rueditas;
lo soltó, con su cariño,
y corrió tras las llantitas.
Vino a verlo la Catrina
una tarde de febrero:
-Ya te toca, ya se afina
tu partida, compañero.
Julián dijo: -Nomás deja
que le enseñe la bajada;
son dos vueltas a la reja
y me voy sin decir nada.
La Catrina se sentó
en la banca del lugar;
el niño ya se aprendió
y ella se puso a rodar.
La suela de la flaca
Julián compone zapatos
allá en su puesto, en dos ratos;
pone suela y su tacón
y le cose hasta el talón.
Llegó la flaca cojeando,
la sandalia va arrastrando:
-Póngame suela y hebilla
y me llevo esta rodilla.
Julián le midió aquel pie
y le dijo: -Yo no sé:
no hay empeine ni hay talón,
puro hueso y puro son.
Le clavó suela y tachuela,
le dio brillo de canela;
hoy la flaca, remendada,
va bailando la tonada.
El telegrama de Julián
Julián reparte el correo
por las calles del rodeo;
sube cerros, cruza el llano
y entrega todo en la mano.
Le llegó un telegramita
de la mera calaquita:
-Julián, ya te toca a ti,
firma aquí y ven por mí.
Julián vio aquel sobrecito
y le dijo: -Muy bonito,
pero falta la estampilla,
el remite y la casilla.
Se la devolvió al buzón
por falta de dirección;
hoy la flaca hace la fila
y le compra su estampilla.
La noche de Julián
Julián vela la bodega
desde que la noche llega;
con su lámpara y su silla
no se le escapa una orilla.
A la una brincó la flaca
por la barda, muy bellaca:
-Traigo listo tu sustito
y me llevo al jovencito.
Julián prendió su linterna
y le echó la luz eterna;
la calaca se cegó
y en un bote se metió.
Amaneció en la bodega
entre cajas y una entrega;
hoy la flaca checa entrada
y le cubre la jornada.
El pipián de Julián
Julián guisa el mole verde,
el rojo y el que se pierde;
sazona con su tantito
y le queda muy bonito.
Entró la flaca a la fonda
con un hambre de mala onda:
-Sírvame de lo que sea
y a Julián, pa' que me vea.
Julián le sirvió el pozole,
el pipián y luego el mole;
le puso arroz y frijoles
y unos chiles españoles.
Repitió como tres veces
y no supo ni de meses;
hoy no viene por Julián:
viene por su buen pipián.
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