Calaveritas literarias para Katia

Katia es de las que llegan y se les nota. La huesuda la ha querido sorprender en la escuela, en el salón de uñas, entre las mesas del restaurante y hasta en la clase de baile, y siempre acaba deslavada. Aquí quedan estos versos para dedicárselos.

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Katia y su ofrenda

Katia pone su ofrendita en la mesa del salón; pan, tamal y una velita y retrato en un cartón. La Catrina se acercó a probar de lo servido; todo el pan se le acabó y dejó todo barrido. Katia le pidió el favor de traerle otro tamal; y la muerte, con temor, le llenó todo el portal.

Katia, mi hermana

Katia siempre me defiende desde el año del jardín; lo que digo ella lo entiende sin pedirme ni un festín. Vino la flaca por ella con su lista de preguntas; yo le dije: -Si es aquella, nos iremos las dos juntas. La calaca lo pensó y le pareció muy caro; de la casa se salió y nos dejó sin reparo.

Katia y las uñitas

Katia pinta las uñitas con brillitos de color; hace rayas y estrellitas y te cobra sin rubor. Se sentó la calavera a pedir su manicura; Katia vio la mano entera y era pura coyuntura. Le pintó los diez huesitos de morado y amarillo; hoy presume sus deditos y ya no agarra el cuchillo.

Katia y su charola

Katia carga la charola con seis platos y un café; no se le derrama sola ni una gota, ya lo ve. Llegó a comer la pelona y pidió la de comida; se portó bien de tragona y pidió la repetida. Cuando vino ya la cuenta no traía ni un tostón; hoy la flaca se atormenta lavando el traste al montón.

Katia y su cámara

Katia toma fotos buenas de bautizo y de quince años; te acomoda las melenas y te tapa los engaños. Fue la flaca a retratarse para el altar familiar; no se pudo ni peinarse y tuvo que regresar. Katia le tomó el retrato y le puso una sombrilla; hoy la muerte, en cada rato, ya no espanta ni en la silla.

Katia y su tambora

Katia pone la tambora y comienza la rutina; brinca, suda y no demora y hasta saca a la Catrina. La huesuda se formó en la fila de adelante; a los cinco se cansó y sudaba en un instante. Se le cayó la rodilla y le crujió todo el brazo; Katia la juntó en la silla y siguió con el bailazo.

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