Calaveritas literarias para Katia
Katia es de las que llegan y se les nota. La huesuda la ha querido sorprender en la escuela, en el salón de uñas, entre las mesas del restaurante y hasta en la clase de baile, y siempre acaba deslavada. Aquí quedan estos versos para dedicárselos.
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Katia y su ofrenda
Katia pone su ofrendita
en la mesa del salón;
pan, tamal y una velita
y retrato en un cartón.
La Catrina se acercó
a probar de lo servido;
todo el pan se le acabó
y dejó todo barrido.
Katia le pidió el favor
de traerle otro tamal;
y la muerte, con temor,
le llenó todo el portal.
Katia, mi hermana
Katia siempre me defiende
desde el año del jardín;
lo que digo ella lo entiende
sin pedirme ni un festín.
Vino la flaca por ella
con su lista de preguntas;
yo le dije: -Si es aquella,
nos iremos las dos juntas.
La calaca lo pensó
y le pareció muy caro;
de la casa se salió
y nos dejó sin reparo.
Katia y las uñitas
Katia pinta las uñitas
con brillitos de color;
hace rayas y estrellitas
y te cobra sin rubor.
Se sentó la calavera
a pedir su manicura;
Katia vio la mano entera
y era pura coyuntura.
Le pintó los diez huesitos
de morado y amarillo;
hoy presume sus deditos
y ya no agarra el cuchillo.
Katia y su charola
Katia carga la charola
con seis platos y un café;
no se le derrama sola
ni una gota, ya lo ve.
Llegó a comer la pelona
y pidió la de comida;
se portó bien de tragona
y pidió la repetida.
Cuando vino ya la cuenta
no traía ni un tostón;
hoy la flaca se atormenta
lavando el traste al montón.
Katia y su cámara
Katia toma fotos buenas
de bautizo y de quince años;
te acomoda las melenas
y te tapa los engaños.
Fue la flaca a retratarse
para el altar familiar;
no se pudo ni peinarse
y tuvo que regresar.
Katia le tomó el retrato
y le puso una sombrilla;
hoy la muerte, en cada rato,
ya no espanta ni en la silla.
Katia y su tambora
Katia pone la tambora
y comienza la rutina;
brinca, suda y no demora
y hasta saca a la Catrina.
La huesuda se formó
en la fila de adelante;
a los cinco se cansó
y sudaba en un instante.
Se le cayó la rodilla
y le crujió todo el brazo;
Katia la juntó en la silla
y siguió con el bailazo.
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