Calaveritas literarias para Karen

Karen tiene la costumbre de dejar a la huesuda con las manos vacías y bien entretenida. Aquí la persigue en el patio del recreo, en la sala de la casa, en la oficina de seguros, entre pasteles, sobre los planos y hasta con grabadora en mano. Escoge la que más le vaya y léesela el Día de Muertos.

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Karen y la reata

Karen brinca la reata en el patio del recreo; salta y salta, y no se mata ni se cansa, según veo. Y llegó la calaquita con sus huesos de cristal: -Yo también soy muy bonita y sé brincar sin igual. Brincaron toda la tarde con la cuerda y con canciones; la calaca, sin alarde, se enredó los pantalones. Karen la desenredó y le dio su chocolate; la calaca se marchó sin llevarse ni un petate.

No hay dos como Karen

No hay dos como nuestra Karen ni una amiga tan cabal; que la busquen, que la amparen, no encontrarán otra igual. Vino la flaca a la puerta con la lista en el bolsillo; y la encontró ya despierta planchando su vestidillo. Karen le sirvió un café y le dio de su calor; la flaca, no sé por qué, se olvidó de su labor. Se marchó desconsolada sin cumplir con su misión; y hoy visita, de pasada, nada más por su atención.

Karen y la letra chica

Karen vende con soltura los seguros de la vida; te convence con dulzura y te firma en la salida. Vino la flaca a firmar un seguro contra todo; Karen le fue a detallar las cláusulas y su modo. -Aquí dice, letra chica, que no cubre el más allá. La Catrina se complica y no entiende ni un quizá. La flaca firmó cien años con recibos por trimestre; y hoy la muerte, sin engaños, paga y paga su semestre.

El pastel de Karen

Karen hornea pasteles de tres leches y limón; con betún y con papeles te decora hasta el cajón. Vino la flaca a pedir un pastel para su día: -Que lo pueda presumir con velitas y alegría. Karen le puso trescientas velas de todos colores; la flaca perdió las cuentas de sus años y sus flores. Sopló y sopló la Catrina sin lograr apagar nada; y hoy sigue en esa rutina toda el año, resignada.

Karen y los planos

Karen es una arquitecta que levanta el edificio; con la regla bien correcta no hay pared con desperdicio. Pidió la flaca un cajón con alberca y con portal; Karen lo trazó a carbón y le puso un ventanal. Le cotizó el presupuesto en trescientos mil tostones; la Catrina, de mal gesto, no juntó ni dos millones. Se quedó la obra parada por no haber con qué seguir; y la Catrina, endeudada, ya no sabe ni a dónde ir.

Karen y la entrevista

Karen es la periodista del diario municipal; no hay noticia que resista ni chisme que salga mal. Llegó la flaca a contar que venía por la gente; Karen le empezó a grabar la entrevista, muy pendiente. Le pidió foto y retrato y su nombre verdadero; la Catrina, sin recato, no soltaba ni el sombrero. Salió en la primera plana la Catrina, retratada; y desde aquella mañana anda de artista, encantada.

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