Calaveritas literarias para Karen
Karen tiene la costumbre de dejar a la huesuda con las manos vacías y bien entretenida. Aquí la persigue en el patio del recreo, en la sala de la casa, en la oficina de seguros, entre pasteles, sobre los planos y hasta con grabadora en mano. Escoge la que más le vaya y léesela el Día de Muertos.
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Karen y la reata
Karen brinca la reata
en el patio del recreo;
salta y salta, y no se mata
ni se cansa, según veo.
Y llegó la calaquita
con sus huesos de cristal:
-Yo también soy muy bonita
y sé brincar sin igual.
Brincaron toda la tarde
con la cuerda y con canciones;
la calaca, sin alarde,
se enredó los pantalones.
Karen la desenredó
y le dio su chocolate;
la calaca se marchó
sin llevarse ni un petate.
No hay dos como Karen
No hay dos como nuestra Karen
ni una amiga tan cabal;
que la busquen, que la amparen,
no encontrarán otra igual.
Vino la flaca a la puerta
con la lista en el bolsillo;
y la encontró ya despierta
planchando su vestidillo.
Karen le sirvió un café
y le dio de su calor;
la flaca, no sé por qué,
se olvidó de su labor.
Se marchó desconsolada
sin cumplir con su misión;
y hoy visita, de pasada,
nada más por su atención.
Karen y la letra chica
Karen vende con soltura
los seguros de la vida;
te convence con dulzura
y te firma en la salida.
Vino la flaca a firmar
un seguro contra todo;
Karen le fue a detallar
las cláusulas y su modo.
-Aquí dice, letra chica,
que no cubre el más allá.
La Catrina se complica
y no entiende ni un quizá.
La flaca firmó cien años
con recibos por trimestre;
y hoy la muerte, sin engaños,
paga y paga su semestre.
El pastel de Karen
Karen hornea pasteles
de tres leches y limón;
con betún y con papeles
te decora hasta el cajón.
Vino la flaca a pedir
un pastel para su día:
-Que lo pueda presumir
con velitas y alegría.
Karen le puso trescientas
velas de todos colores;
la flaca perdió las cuentas
de sus años y sus flores.
Sopló y sopló la Catrina
sin lograr apagar nada;
y hoy sigue en esa rutina
toda el año, resignada.
Karen y los planos
Karen es una arquitecta
que levanta el edificio;
con la regla bien correcta
no hay pared con desperdicio.
Pidió la flaca un cajón
con alberca y con portal;
Karen lo trazó a carbón
y le puso un ventanal.
Le cotizó el presupuesto
en trescientos mil tostones;
la Catrina, de mal gesto,
no juntó ni dos millones.
Se quedó la obra parada
por no haber con qué seguir;
y la Catrina, endeudada,
ya no sabe ni a dónde ir.
Karen y la entrevista
Karen es la periodista
del diario municipal;
no hay noticia que resista
ni chisme que salga mal.
Llegó la flaca a contar
que venía por la gente;
Karen le empezó a grabar
la entrevista, muy pendiente.
Le pidió foto y retrato
y su nombre verdadero;
la Catrina, sin recato,
no soltaba ni el sombrero.
Salió en la primera plana
la Catrina, retratada;
y desde aquella mañana
anda de artista, encantada.
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