Calaveritas literarias para Kevin

Kevin es de los que llegan tarde pero llegan con todo, y eso a la huesuda la desespera. Aquí lo agarra con el uniforme al revés, partiendo su lonche, gritando un gol y cargando el mandado. Léelas en la ofrenda o en la reunión familiar.

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Kevin y el uniforme

Kevin llegó a su salón con el suéter al revés; un zapato sin listón y la corbata en los pies. La calaca lo miraba sin creer lo que veía; de la risa se quebraba y en el suelo se caía. Kevin la ayudó a pararse, le acomodó la quijada; ella quiso desquitarse y le arregló la fachada. Entró Kevin muy formal, bien peinado y elegante; y la maestra, sin igual, lo mandó al frente, adelante.

Kevin y su lonchera

Kevin trae en su lonchera su tortita y su jamón; y comparte hasta la pera con el pobre del montón. La calaca se acercó con su bolsa bien vacía; y Kevin no lo dudó y la mitad le ofrecía. Comieron en la escalera platicando del panteón; la calaca, muy sincera, le contó su condición. Al final, agradecida, le dejó su bendición: -Al que parte su comida no le toco ni un renglón.

Kevin, primo consentido

Kevin, primo consentido, el que llega con la fiesta, el que nunca se ha rendido ni con la más mala apuesta. La Catrina te ha invitado a su baile de la esquina; yo le dije, muy callado, que este primo no camina. Te aparté tu pan y flores, tu refresco y tu sombrero, y la foto de colores donde sales de torero. Y si un día te decides a bailar con la pelona, vuelve pronto, no te olvides que aquí siempre hay quien perdona.

Kevin y su gato flojo

Kevin tiene un gato gordo que no caza ni un ratón; duerme todo, se hace el sordo y despierta por jamón. La flaca entró de puntitas por llevarse a algún cristiano; el gato abrió las patitas y se le enredó en la mano. La Catrina se cayó encima de la maceta; el gatote ni miró, siguió echado en la banqueta. Kevin salió con la escoba, la barrió como basura; la Catrina, ya muy boba, se largó sin la factura.

Kevin y el partido

Kevin ve todo el partido con su playera de equipo; grita tanto y da alarido que hasta tiembla el municipio. La huesuda se asomó a ver de qué se trataba; se sentó y se emocionó cuando el gol ya se acercaba. Cayó el gol de último rato y los dos brincaron juntos; la Catrina, de arrebato, perdió tres huesos difuntos. Terminó el juego empatado, se abrazaron con cariño; la flaca dijo, de lado: -Otro día vengo, niño.

Kevin y el mandado

Kevin va por el mandado y regresa a los dos días; vuelve al rato, muy cansado, con las bolsas ya vacías. La Catrina lo alcanzó en la esquina de la tienda; y de plano le rogó: -Cárgame tú la encomienda. Kevin cargó los costales sin quejarse ni un poquito; subió cerros y arenales y llegó bien derechito. La Catrina, agradecida, le pagó con un tamal; y le dijo, de salida: -Tú no vas en mi costal.

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