Calaveritas literarias para Kevin
Kevin es de los que llegan tarde pero llegan con todo, y eso a la huesuda la desespera. Aquí lo agarra con el uniforme al revés, partiendo su lonche, gritando un gol y cargando el mandado. Léelas en la ofrenda o en la reunión familiar.
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Kevin y el uniforme
Kevin llegó a su salón
con el suéter al revés;
un zapato sin listón
y la corbata en los pies.
La calaca lo miraba
sin creer lo que veía;
de la risa se quebraba
y en el suelo se caía.
Kevin la ayudó a pararse,
le acomodó la quijada;
ella quiso desquitarse
y le arregló la fachada.
Entró Kevin muy formal,
bien peinado y elegante;
y la maestra, sin igual,
lo mandó al frente, adelante.
Kevin y su lonchera
Kevin trae en su lonchera
su tortita y su jamón;
y comparte hasta la pera
con el pobre del montón.
La calaca se acercó
con su bolsa bien vacía;
y Kevin no lo dudó
y la mitad le ofrecía.
Comieron en la escalera
platicando del panteón;
la calaca, muy sincera,
le contó su condición.
Al final, agradecida,
le dejó su bendición:
-Al que parte su comida
no le toco ni un renglón.
Kevin, primo consentido
Kevin, primo consentido,
el que llega con la fiesta,
el que nunca se ha rendido
ni con la más mala apuesta.
La Catrina te ha invitado
a su baile de la esquina;
yo le dije, muy callado,
que este primo no camina.
Te aparté tu pan y flores,
tu refresco y tu sombrero,
y la foto de colores
donde sales de torero.
Y si un día te decides
a bailar con la pelona,
vuelve pronto, no te olvides
que aquí siempre hay quien perdona.
Kevin y su gato flojo
Kevin tiene un gato gordo
que no caza ni un ratón;
duerme todo, se hace el sordo
y despierta por jamón.
La flaca entró de puntitas
por llevarse a algún cristiano;
el gato abrió las patitas
y se le enredó en la mano.
La Catrina se cayó
encima de la maceta;
el gatote ni miró,
siguió echado en la banqueta.
Kevin salió con la escoba,
la barrió como basura;
la Catrina, ya muy boba,
se largó sin la factura.
Kevin y el partido
Kevin ve todo el partido
con su playera de equipo;
grita tanto y da alarido
que hasta tiembla el municipio.
La huesuda se asomó
a ver de qué se trataba;
se sentó y se emocionó
cuando el gol ya se acercaba.
Cayó el gol de último rato
y los dos brincaron juntos;
la Catrina, de arrebato,
perdió tres huesos difuntos.
Terminó el juego empatado,
se abrazaron con cariño;
la flaca dijo, de lado:
-Otro día vengo, niño.
Kevin y el mandado
Kevin va por el mandado
y regresa a los dos días;
vuelve al rato, muy cansado,
con las bolsas ya vacías.
La Catrina lo alcanzó
en la esquina de la tienda;
y de plano le rogó:
-Cárgame tú la encomienda.
Kevin cargó los costales
sin quejarse ni un poquito;
subió cerros y arenales
y llegó bien derechito.
La Catrina, agradecida,
le pagó con un tamal;
y le dijo, de salida:
-Tú no vas en mi costal.
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