Calaveritas literarias para Karla

Hay Karlas que se ríen de todo, hasta de la huesuda cuando viene a tocarles la puerta. Estos versos están hechos para dedicárselos en la ofrenda, en el trabajo o en la fiesta de noviembre.

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Karla y el dictado

Karla escribe su dictado con su letra muy bonita; no le falta ni un cuidado ni una coma chiquitita. La flaquita despistada se acercó para escuchar: -Traigo la be equivocada y la ese en otro lugar. Karla le prestó su goma, le explicó cada renglón, dónde tilde y dónde coma, sin dejarse ni un borrón. La flaquita, muy contenta, apuntó su nombre entero, y borró, sin darse cuenta, el de Karla del letrero.

Karla, amiga de mi vida

Karla, amiga de mi vida, la que escucha sin reproche, la que llega y no se olvida de llamarte por la noche. Si la muerte se atreviera a tocarte a media tarde, le diría que se espera y que no me haga cobarde. Nos sentamos las tres juntas a contar de aquellos años; la Catrina hace preguntas y se ríe de los daños. Se despide la Catrina sin llevarse a ni una de ellas, y en la puerta de la esquina nos deja un ramo de estrellas.

Karla la cajera

Karla cuenta los billetes en la caja del banquito; acomoda los paquetes y no pierde ni un cinquito. Llegó la flaca a la fila con un cheque muy borroso, con la prisa que la afila y un semblante muy furioso. Karla le pidió una firma, y una identificación, comprobante que confirma y su acta de defunción. La Catrina no traía ni siquiera un comprobante, y regresa cada día a la fila, y no es bastante.

Karla y el kínder

Karla cuida veinte niños en el kínder de la esquina; les reparte mil cariños y les da su plastilina. Se metió la calavera a la hora del refrigerio: -Vengo por la que me espera y hoy termino este misterio. Los niños la rodearon, le pintaron la casaca, con crayolas la adornaron y le dieron su matraca. La Catrina se sentó a jugar la comidita, y en la siesta se durmió con su oso y su cobijita.

Karla la fotógrafa

Karla saca sus retratos de bodas y de bautizos; les arregla los zapatos, el peinado y los hechizos. La Catrina fue a posar para un cartel de ocasión: -Sáqueme sin retocar, que así soy y es mi razón. Karla le puso una luz y un abanico de flores; le acomodó la testuz y le ajustó los colores. Salió tan bien la Catrina que se quedó a ver la toma, y hoy posa por cada esquina presumiendo, pura broma.

Karla y la tiendita

Karla atiende su tiendita desde el alba hasta la cena; y lo apunta en su cuentita con la letra bien serena. Llegó la muerte a comprar un refresco y un cerillo: -Apúnteme, sin pagar, que ando corta de bolsillo. Karla le anotó en la lista y le dio su recadito: -Me lo pagas a la vista o me dejas un huesito. La deuda creció y creció con refrescos y galletas, y la flaca se quedó de encargada de las cuentas.

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