Calaveritas literarias para Karla
Hay Karlas que se ríen de todo, hasta de la huesuda cuando viene a tocarles la puerta. Estos versos están hechos para dedicárselos en la ofrenda, en el trabajo o en la fiesta de noviembre.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Karla y el dictado
Karla escribe su dictado
con su letra muy bonita;
no le falta ni un cuidado
ni una coma chiquitita.
La flaquita despistada
se acercó para escuchar:
-Traigo la be equivocada
y la ese en otro lugar.
Karla le prestó su goma,
le explicó cada renglón,
dónde tilde y dónde coma,
sin dejarse ni un borrón.
La flaquita, muy contenta,
apuntó su nombre entero,
y borró, sin darse cuenta,
el de Karla del letrero.
Karla, amiga de mi vida
Karla, amiga de mi vida,
la que escucha sin reproche,
la que llega y no se olvida
de llamarte por la noche.
Si la muerte se atreviera
a tocarte a media tarde,
le diría que se espera
y que no me haga cobarde.
Nos sentamos las tres juntas
a contar de aquellos años;
la Catrina hace preguntas
y se ríe de los daños.
Se despide la Catrina
sin llevarse a ni una de ellas,
y en la puerta de la esquina
nos deja un ramo de estrellas.
Karla la cajera
Karla cuenta los billetes
en la caja del banquito;
acomoda los paquetes
y no pierde ni un cinquito.
Llegó la flaca a la fila
con un cheque muy borroso,
con la prisa que la afila
y un semblante muy furioso.
Karla le pidió una firma,
y una identificación,
comprobante que confirma
y su acta de defunción.
La Catrina no traía
ni siquiera un comprobante,
y regresa cada día
a la fila, y no es bastante.
Karla y el kínder
Karla cuida veinte niños
en el kínder de la esquina;
les reparte mil cariños
y les da su plastilina.
Se metió la calavera
a la hora del refrigerio:
-Vengo por la que me espera
y hoy termino este misterio.
Los niños la rodearon,
le pintaron la casaca,
con crayolas la adornaron
y le dieron su matraca.
La Catrina se sentó
a jugar la comidita,
y en la siesta se durmió
con su oso y su cobijita.
Karla la fotógrafa
Karla saca sus retratos
de bodas y de bautizos;
les arregla los zapatos,
el peinado y los hechizos.
La Catrina fue a posar
para un cartel de ocasión:
-Sáqueme sin retocar,
que así soy y es mi razón.
Karla le puso una luz
y un abanico de flores;
le acomodó la testuz
y le ajustó los colores.
Salió tan bien la Catrina
que se quedó a ver la toma,
y hoy posa por cada esquina
presumiendo, pura broma.
Karla y la tiendita
Karla atiende su tiendita
desde el alba hasta la cena;
y lo apunta en su cuentita
con la letra bien serena.
Llegó la muerte a comprar
un refresco y un cerillo:
-Apúnteme, sin pagar,
que ando corta de bolsillo.
Karla le anotó en la lista
y le dio su recadito:
-Me lo pagas a la vista
o me dejas un huesito.
La deuda creció y creció
con refrescos y galletas,
y la flaca se quedó
de encargada de las cuentas.
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