Calaveritas literarias para Juan

Juan es el nombre de los madrugadores: el que amasa el pan, el que dirige el crucero y el que se sabe de memoria el camino al mar. La huesuda lo ha buscado en la milpa, en la panadería y hasta frente a la computadora, y siempre lo encuentra ocupado. Estas calaveritas son para todos los Juanes y Juanitos que nunca se están quietos.

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Juanito pasa lista

Juanito, en la primaria, levanta siempre la mano; su respuesta es necesaria aunque a veces sale en vano. Llegó la flaca a pasar lista con voz de trombón; Juanito, sin titubear, respondió: -¡Presente, don! La calaca, sorprendida, le puso diez de atención, se marchó muy divertida y sin nadie del salón.

Don Juan y su milpa

Don Juan sembró su milpa con paciencia y con sosiego; no le debe a nadie culpa ni le teme al aguacero. Vino la flaca al sembrado a buscarlo una mañana; don Juan, ya resignado, le pidió sólo una semana. Levantó todo el maizal, repartió entre los vecinos, y se fue, tan puntual, con la flaca en los caminos.

Juan, el panadero

Juan hornea desde temprano conchas, cuernos y polvorón; amasa con buena mano y despacha con canción. Llegó la flaca a comprar con charola y con premura; quiso todo acaparar y se le abrió la costura. Hoy la flaca, cada año, va por su pan de muerto, y a Juan lo deja sin daño porque el trato quedó abierto.

Juan y el crucero

Don Juan, con guante y silbato, dirige el crucero un rato; no hay chofer, por más ladino, que le gane en el camino. Llegó la flaca sin farol, sin placas y sin control; don Juan le marcó el alto y la multó de un solo salto. La muerte pagó su multa y se fue por el retorno; desde entonces, muy oculta, se estaciona en su entorno.

Juan y la computadora

Juan programa todo el día frente a su computadora; come pizza y no confía en dormirse a buena hora. Llegó la flaca de visita: -Ya se acabó tu sesión. Juan pidió una pausita para guardar el guion. Lleva ocho años guardando, que la máquina no avanza, y la flaca, ahí esperando, ya perdió hasta la esperanza.

Juan, pescador de altamar

Juan sale a pescar temprano con su red y con su arpón; le tiene fe al mar lejano y al viento del malecón. Cayó la flaca en la red, entre sierras y camarón; pidió auxilio y merced, y Juan la sacó de un jalón. -Ya me voy -dijo, mojada-, pero vuelvo de madrugada. Y Juan le dejó en la orilla un pescado y una silla.

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