Calaveritas literarias para Juan
Juan es el nombre de los madrugadores: el que amasa el pan, el que dirige el crucero y el que se sabe de memoria el camino al mar. La huesuda lo ha buscado en la milpa, en la panadería y hasta frente a la computadora, y siempre lo encuentra ocupado. Estas calaveritas son para todos los Juanes y Juanitos que nunca se están quietos.
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Juanito pasa lista
Juanito, en la primaria,
levanta siempre la mano;
su respuesta es necesaria
aunque a veces sale en vano.
Llegó la flaca a pasar
lista con voz de trombón;
Juanito, sin titubear,
respondió: -¡Presente, don!
La calaca, sorprendida,
le puso diez de atención,
se marchó muy divertida
y sin nadie del salón.
Don Juan y su milpa
Don Juan sembró su milpa
con paciencia y con sosiego;
no le debe a nadie culpa
ni le teme al aguacero.
Vino la flaca al sembrado
a buscarlo una mañana;
don Juan, ya resignado,
le pidió sólo una semana.
Levantó todo el maizal,
repartió entre los vecinos,
y se fue, tan puntual,
con la flaca en los caminos.
Juan, el panadero
Juan hornea desde temprano
conchas, cuernos y polvorón;
amasa con buena mano
y despacha con canción.
Llegó la flaca a comprar
con charola y con premura;
quiso todo acaparar
y se le abrió la costura.
Hoy la flaca, cada año,
va por su pan de muerto,
y a Juan lo deja sin daño
porque el trato quedó abierto.
Juan y el crucero
Don Juan, con guante y silbato,
dirige el crucero un rato;
no hay chofer, por más ladino,
que le gane en el camino.
Llegó la flaca sin farol,
sin placas y sin control;
don Juan le marcó el alto
y la multó de un solo salto.
La muerte pagó su multa
y se fue por el retorno;
desde entonces, muy oculta,
se estaciona en su entorno.
Juan y la computadora
Juan programa todo el día
frente a su computadora;
come pizza y no confía
en dormirse a buena hora.
Llegó la flaca de visita:
-Ya se acabó tu sesión.
Juan pidió una pausita
para guardar el guion.
Lleva ocho años guardando,
que la máquina no avanza,
y la flaca, ahí esperando,
ya perdió hasta la esperanza.
Juan, pescador de altamar
Juan sale a pescar temprano
con su red y con su arpón;
le tiene fe al mar lejano
y al viento del malecón.
Cayó la flaca en la red,
entre sierras y camarón;
pidió auxilio y merced,
y Juan la sacó de un jalón.
-Ya me voy -dijo, mojada-,
pero vuelvo de madrugada.
Y Juan le dejó en la orilla
un pescado y una silla.
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