Calaveritas literarias para Israel
Israel es nombre de los que se cantan solos y por eso cae muy bien en la calaverita. Aquí lo verás en la cancha, al volante, con la trompeta y hasta destapando un caño, siempre con la Catrina cerca y siempre saliendo bien librado. Hay una para leer con niños y otras para la carrilla.
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Israel y su balón
Israel juega en la escuela
con la bola que le vuela,
y la muerte, de arquerito,
se paró junto al arquito.
Le pegó tremendo tiro
y la flaca dio un suspiro,
se le fue por la cabeza
y rodó con ligereza.
Israel la levantó
y su cráneo le pegó,
la sentó junto al pretil
y le dio agua del barril.
Ahora juegan cada día
sin pleitos y sin porfía,
la muerte para el balón
y él le anota un golazón.
El café de Israel
Israel hace el café
como nadie, ya lo sé,
y lo lleva a quien lo espera
sin decirlo, a su manera.
Llegó la flaca en enero
con su frío traicionero,
y Israel le sirvió taza
sin preguntarle qué pasa.
Se calentó los huesitos
y hasta le entraron gustitos,
sacó el papel de la lista
y lo dobló sin ser vista.
-Me lo llevo el año entrante,
dijo, y se fue muy campante,
pero vuelve cada enero
nomás por el cafetero.
Israel el plomero
Israel destapa un caño
que llevaba como un año,
y llegó la calavera
con un charco en la escalera.
-Se me inunda todo el hoyo,
ya no tengo ni un apoyo.
Israel llegó al panteón
con su llave y su cajón.
Le arregló toda la fuga
sin dejarle ni una arruga,
luego le pasó la cuenta
y a la flaca no le renta.
Y la huesuda, sin dinero,
le firmó un pagaré entero:
-Cuando venga por Israel,
no le cobro ni un papel.
Israel el taxista
Israel maneja de noche
y conoce todo coche,
le hizo la parada un bulto
que traía un frío oculto.
-Lléveme hasta el camposanto,
y no ponga usted ese canto.
Israel le subió al son
y cantó con emoción.
La flaca se fue bailando
todo el viaje, y coreando,
se pasó su bajadita
y siguieron la vueltita.
Anduvieron toda la noche
sin bajarse de aquel coche,
y al llegar la cuenta enorme
se quedó de chofer, conforme.
La trompeta de Israel
Israel toca trompeta
en la banda más completa,
y la muerte quiso entrarse
sin saber ni acomodarse.
Le prestaron un trombón
y sopló sin ton ni son,
salió un ruido tan feíto
que espantó hasta al angelito.
Israel le dio lecciones
con paciencia y con canciones,
le enseñó a llevar compás
y a no soplar ni de más.
Hoy la muerte toca en fiestas
con orquestas ya dispuestas,
y ya no anda en el panteón:
anda armando su función.
Israel el jardinero
Israel poda el jardín
desde marzo y hasta el fin,
llegó la muerte con tijeras
a cortar enredaderas.
-Yo te ayudo, dijo ufana,
que esto acaba en la mañana.
Cortó rosas y claveles
y arrancó hasta los laureles.
Israel se puso rojo
y le aventó hasta un manojo,
la corrió con la manguera
y quedó como cualquiera.
Pero al año, en primavera,
retoñó la enredadera,
y hoy la flaca, muy sentida,
riega el patio de por vida.
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