Calaveritas literarias para Javier
A Javier, o Javi como le dicen en casa, la calaca le ha echado el ojo más de una vez y siempre se queda con las ganas. Estas calaveritas se le pueden dedicar en el altar, en la chamba o en la sobremesa de noviembre.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Javier y su volcancito
Javier hizo un volcancito
con vinagre en un buen plato;
y le salió tan bonito
que aplaudieron por un rato.
La calaca del salón
se acercó muy asombrada:
-Yo quiero hacer la erupción,
dijo la flaca encantada.
Javier le prestó su bata,
sus lentes y su cuchara;
midió el polvo con la lata
y le salió espuma clara.
Se manchó de espuma entera
la calaca de la escuela,
y olvidó lo que viniera
de tan bonita la escuela.
Javier, mi buen papá
Javier, papá de mis días,
el del hombro y el consejo,
el que espanta las manías
con un chiste bien añejo.
Si te ronda la Catrina
con su lista y su sombrero,
le pondré yo en la cocina
un mezcal del que yo quiero.
Nos sentamos a la mesa
a contarnos lo vivido,
y se olvida la promesa
que a la flaca le han pedido.
Quédate otro tanto, apá,
que me faltan mil abrazos,
y la flaca esperará,
que le sobran a ella plazos.
Javi el barbero
Javi peina con esmero,
recorta y deja parejo;
no hay copete ni sombrero
que le gane a su manejo.
Se sentó la calavera
en el sillón giratorio:
-Córtame lo que yo quiera
pa la fiesta del velorio.
Javi le talló la nuca
y buscó por todos lados;
le ofreció hasta una peluca
con dos rizos bien peinados.
La flaca salió tan guapa
que a nadie quiso llevar,
y de la lista se escapa
quien se venga a retocar.
Javi el albañil
Javi levanta el castillo
con varilla y con cuchara;
no se le tuerce un ladrillo
ni la plomada se para.
Se trepó la flaca al muro
justo a la hora del almuerzo:
-Ya te tengo, te aseguro,
que hoy no vale ni el esfuerzo.
Javi le brindó su taco
de aquella olla de guisado,
y un refresco de su saco,
y quedó todo arreglado.
Se durmió luego la flaca
con la panza bien servida,
y hoy le carga la petaca
de mezcla, toda la vida.
Javi el de tránsito
Javi dirige el crucero
con su silbato en la boca;
para el camión y el lechero
y hasta al que el claxon le toca.
Se pasó el alto la flaca
a las tres de la mañana;
iba oyendo su matraca
con el codo en la ventana.
Javier le pidió licencia
y la flaca no traía;
-Deme usted una clemencia,
dijo la flaca ese día.
Javi le puso multita
y le quitó la carreta;
hoy la flaca va solita
y se mueve en bicicleta.
Javi el pescador
Javi rema de mañana
con su red y su barquito;
si hay marea, no se afana,
pesca mucho o un poquito.
La Catrina se subió
a la proa de la lancha:
-Vengo por ti -le avisó-,
y ya trae la red bien ancha.
Javi le enseñó el oficio:
cómo echar y recoger,
cómo hallar el buen resquicio
donde el pez se ha de esconder.
Se llenó la lancha entera
de robalo y de mojarra,
y la flaca, de tercera,
hoy destaza y desamarra.
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