Calaveritas literarias para Javier

A Javier, o Javi como le dicen en casa, la calaca le ha echado el ojo más de una vez y siempre se queda con las ganas. Estas calaveritas se le pueden dedicar en el altar, en la chamba o en la sobremesa de noviembre.

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Javier y su volcancito

Javier hizo un volcancito con vinagre en un buen plato; y le salió tan bonito que aplaudieron por un rato. La calaca del salón se acercó muy asombrada: -Yo quiero hacer la erupción, dijo la flaca encantada. Javier le prestó su bata, sus lentes y su cuchara; midió el polvo con la lata y le salió espuma clara. Se manchó de espuma entera la calaca de la escuela, y olvidó lo que viniera de tan bonita la escuela.

Javier, mi buen papá

Javier, papá de mis días, el del hombro y el consejo, el que espanta las manías con un chiste bien añejo. Si te ronda la Catrina con su lista y su sombrero, le pondré yo en la cocina un mezcal del que yo quiero. Nos sentamos a la mesa a contarnos lo vivido, y se olvida la promesa que a la flaca le han pedido. Quédate otro tanto, apá, que me faltan mil abrazos, y la flaca esperará, que le sobran a ella plazos.

Javi el barbero

Javi peina con esmero, recorta y deja parejo; no hay copete ni sombrero que le gane a su manejo. Se sentó la calavera en el sillón giratorio: -Córtame lo que yo quiera pa la fiesta del velorio. Javi le talló la nuca y buscó por todos lados; le ofreció hasta una peluca con dos rizos bien peinados. La flaca salió tan guapa que a nadie quiso llevar, y de la lista se escapa quien se venga a retocar.

Javi el albañil

Javi levanta el castillo con varilla y con cuchara; no se le tuerce un ladrillo ni la plomada se para. Se trepó la flaca al muro justo a la hora del almuerzo: -Ya te tengo, te aseguro, que hoy no vale ni el esfuerzo. Javi le brindó su taco de aquella olla de guisado, y un refresco de su saco, y quedó todo arreglado. Se durmió luego la flaca con la panza bien servida, y hoy le carga la petaca de mezcla, toda la vida.

Javi el de tránsito

Javi dirige el crucero con su silbato en la boca; para el camión y el lechero y hasta al que el claxon le toca. Se pasó el alto la flaca a las tres de la mañana; iba oyendo su matraca con el codo en la ventana. Javier le pidió licencia y la flaca no traía; -Deme usted una clemencia, dijo la flaca ese día. Javi le puso multita y le quitó la carreta; hoy la flaca va solita y se mueve en bicicleta.

Javi el pescador

Javi rema de mañana con su red y su barquito; si hay marea, no se afana, pesca mucho o un poquito. La Catrina se subió a la proa de la lancha: -Vengo por ti -le avisó-, y ya trae la red bien ancha. Javi le enseñó el oficio: cómo echar y recoger, cómo hallar el buen resquicio donde el pez se ha de esconder. Se llenó la lancha entera de robalo y de mojarra, y la flaca, de tercera, hoy destaza y desamarra.

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