Calaveritas literarias para Ivonne
A Ivonne le sobra oficio y le sobra risa, y eso la Catrina ya lo tiene bien anotado en su libreta. Aquí van versos con su nombre, listos para leerse en voz alta frente al altar o entre carcajadas en la sobremesa del dos de noviembre.
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Ivonne y la calaca aplicada
Ivonne llega a la escuela
con su suéter de franela,
se sabe todas las sumas
y hasta el nombre de las plumas.
Se acercó la calaquita
disfrazada de amiguita:
-Ivonne, te he de llevar
si no sabes contestar.
Sacó Ivonne la libreta,
le enseñó a sumar completa;
la calaca se aplicó
y en el examen falló.
Ahí se quedó la huesuda
con la tabla y con la duda;
pero Ivonne, muy formal,
le repasa el decimal.
Ivonne pone el café
Ivonne pone el café
y pregunta cómo fue
todo el día y el pendiente,
y uno cuenta lo que siente.
Llegó la flaca una tarde
con su lista y con su alarde:
-Vengo por esta señora,
y no admito ni demora.
Pero estaba la cazuela
con su arroz y su canela,
la flaquita se sirvió
y tres veces repitió.
Se olvidó de su encomienda,
pidió cobija y merienda;
y hoy la flaca, cada rato,
viene a ver qué hay en el plato.
Ivonne en urgencias
Ivonne es buena enfermera,
la que cura y la que espera;
pone el suero sin que duela
y hasta el susto nos consuela.
Se asomó la calaquita
con su bata y su tablita:
-Vengo por el del catorce,
ya me toca, dan las doce.
Ivonne le dio un boleto
con un número completo:
-Aquí se hace fila y turno,
y le tocará el nocturno.
La calaca sigue en fila
con su ficha y con su silla;
le tomaron la presión
y no hallaron corazón.
A Ivonne no se le escapa un peso
Ivonne saca la cuenta
de la nómina y la renta;
aquí no hay peso extraviado
ni un recibo mal firmado.
Se apareció en la oficina
una flaca muy ladina:
-Vengo por ti, contadora,
que ya se te acabó la hora.
Ivonne pidió factura,
sello, copia y firma dura;
y la flaca no traía
ni el papel de garantía.
Le sacó el saldo a la muerte
y salió con mala suerte;
hoy le paga en abonitos
y le firma recibitos.
Ivonne y el peinado de la flaca
Ivonne pone la tinta,
corta, alacia, riza y pinta;
sale güera la morena
y contenta la que pena.
Llegó la flaca al espejo
con la foto de un festejo:
-Quiero rayos y ondulado,
que me espera un invitado.
Ivonne la revisó,
y ni un pelo le encontró;
ni un chinito ni un copete,
ni pelusa en el cachete.
Le puso unas extensiones,
trenza, moño y dos listones;
y la flaca, tan lucida,
ya no quiere ni una vida.
La Catrina se sienta con Ivonne
Con charola y con sonrisa,
Ivonne cruza de prisa;
diez mesas y no se enfada,
ni una orden equivocada.
Entró alegre y muy ligera,
y gritó por la mesera:
-Tráigame lo más pesado,
que traigo el turno apurado.
Ivonne sirvió el pozole
con su chile y su frijole;
la Catrina le entró duro,
y lloró hasta el hueso puro.
Ya con hipo y con sudor
pidió tregua y un favor:
-Que se espere mi difunto,
yo aquí sigo en el asunto.
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