Calaveritas literarias para Itzel
Itzel lleva un nombre que suena a lucero y a fiesta, y hasta la Catrina se le queda mirando. Estos versos son para leerle en la ofrenda, en la escuela o en la reunión con los amigos.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
Itzel y sus colores
Itzel pinta en su cuaderno
soles, casas y palmeras;
y aunque afuera esté el invierno
ella pinta primaveras.
Se asomó una calavera
por detrás del pizarrón:
-Yo quiero una primavera
y un solcito de cartón.
Itzel le prestó el pincel
y le dio color de rosa;
le pintó un pastel de miel
y una nube muy graciosa.
La calaca, tan feliz,
ya olvidó lo que traía;
soltó lista y cicatriz
y pintó todito el día.
Itzel, la del corazón grande
Itzel tiene el corazón
más grandote que su casa;
no le cabe en el cajón
ni en la calle donde pasa.
Fue la flaca a visitarla
un domingo por la tarde,
y no supo ni llamarla,
que se le hizo muy cobarde.
Se quedó junto a la silla,
esperando su momento;
pero el pan y la tortilla
le ganaron al intento.
Se sentó como una más
en la mesa, sin llamado;
ya no quiso irse jamás
y se quedó de invitado.
Itzel la bibliotecaria
Itzel cuida los estantes,
los cuentos y los gigantes;
acomoda cada tomo
y te enseña dónde y cómo.
Se metió la calavera
sin hacer ruido siquiera;
pidió un libro de conjuros
y otro de finales duros.
Itzel le buscó el renglón,
la portada y el autor;
le llenó bien la libreta
y le puso una etiqueta.
La huesuda se sentó
y el librote devoró;
se clavó tanto en la trama
que hoy no suelta ni la cama.
Itzel la florista
Itzel vende flor de muerto
en el puesto del mercado;
deja todo bien compuesto
y el olor alborotado.
La Catrina fue a pedir
un arreglo de a montón:
-Lo quiero antes de dormir
y del tamaño de un camión.
Itzel le juntó las flores,
gladiolas y terciopelo;
le amarró listón y olores
y un moñito de pañuelo.
Tan bonito le quedó
que dejó todo el trabajo;
en el pelo se lo ató
y se fue por calle abajo.
Itzel la dentista
Itzel tapa los hoyitos,
saca muelas y dientitos;
te compone la sonrisa
y te cobra sin la prisa.
Llegó la flaca a la cita
con la encía muy marchita:
-Traigo un diente que se mueve
y otro que ya no se atreve.
Itzel le contó la hilera
y no le halló ni una entera;
le puso un puente de acero
y un colmillo de lucero.
La flaca quedó tan bella
con su risa de doncella,
que se fue a tomar retrato
y olvidó todo el mandato.
Itzel la entrenadora
Itzel entrena al equipo
en la cancha de la esquina;
les enseña cada tipo
de jugada y de rutina.
Se apuntó la calaquita
de portera y de suplente;
dijo que era rapidita
y muy dura con la gente.
Itzel puso las carreras,
veinte vueltas al terreno;
la calaca, en las primeras,
se quedó tirada en pleno.
Le fallaron las canillas,
las rodillas y el talón;
y por esas pesadillas
hoy le carga hasta el balón.
💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora
más calaveritas literarias.