Calaveritas literarias para Jaime

Jaime es nombre de los que aguantan carrilla sin enojarse, y eso lo vuelve perfecto para una calaverita. Aquí lo verás con la tarea, con el dominó, con el martillo y hasta con los guantes puestos, y la Catrina siempre acaba peor de como llegó. Hay una tranquila para leer con niños.

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Jaime y su tarea

Jaime siempre hace tarea aunque nadie se lo crea, y la flaca lo vigila desde el patio, muy tranquila. -Vengo por ti, dijo seria, que ya es hora, no hay materia. Jaime alzó su cuadernito y le dijo: -Un ratito. Se sentaron a sumar y la flaca a bostezar, diez problemas, cuenta y cuenta, y la muerte no se orienta. Cuando Jaime terminó la calaca ya roncó, y se fue sin acordarse ni por qué quiso llevarse.

El dominó de Jaime

Don Jaime juega dominó con los mismos que jugó hace treinta y tantos años, sin rencores ni regaños. Se metió la flaca al juego y perdió tres veces luego, se enojó y aventó fichas y gritó puras desdichas. Don Jaime le dio la mano y le habló como a un hermano: -Aquí uno nunca se enoja, se aguanta y luego se afloja. Ya la muerte va los martes a perder en todas partes, y a don Jaime no lo apura porque sola no le dura.

Jaime el zapatero

Jaime remienda zapatos de los buenos y baratos, llegó la muerte descalza porque el hueso ya no le alza. Le midió los pies pelones y le armó unos tacones, de charol y con hebilla y un listón en la rodilla. Se los puso la Catrina y salió a dar a la esquina, pero el tacón se atoró y de boca se cayó. Regresó bien enojada y salió más apenada, que Jaime, muy atinado, ya le había facturado.

Jaime el herrero

Jaime dobla el puro fierro y hace rejas para el cerro, y le fue a pedir la huesuda una reja bien menuda. -Que me cierre bien la entrada, que la tengo destrozada. Jaime midió con su vara y forjó una reja rara. Le soldó cada barrote con candado y con garrote, y quedó tan bien cerrada que no se abre ni pateada. La Catrina quedó adentro sin salida y sin encuentro, y por eso, este noviembre, nadie muere, ni en diciembre.

Jaime el mesero

Jaime atiende quince mesas sin tirar ni las cervezas, llegó la muerte a cenar y no dejó de ordenar. Pidió sopa, pidió arroz y gritaba a toda voz. Jaime le llevó charola más pesada que ella sola. Al final pidió la cuenta y le dieron la tormenta: tres mil pesos de consumo, más servicio, según sumo. No traía ni un centavo y le dejaron el clavo, hoy le ayuda en el servicio y aprendió bien el oficio.

Jaime en el gimnasio

Jaime entrena a los mejores y les quita los temores, llegó la muerte al costal a pegarle sin igual. Al primer golpe que dio la muñeca se zafó, al segundo, el antebrazo, y quedó sin ningún brazo. Jaime le vendó la mano y le dijo bien temprano: -Aquí se pega con guante, no con hueso, es importante. Hoy la flaca usa careta y se aguanta hasta la dieta, pero pierde con cualquiera y hoy la banca es su trinchera.

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