Calaveritas literarias para Jaime
Jaime es nombre de los que aguantan carrilla sin enojarse, y eso lo vuelve perfecto para una calaverita. Aquí lo verás con la tarea, con el dominó, con el martillo y hasta con los guantes puestos, y la Catrina siempre acaba peor de como llegó. Hay una tranquila para leer con niños.
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Jaime y su tarea
Jaime siempre hace tarea
aunque nadie se lo crea,
y la flaca lo vigila
desde el patio, muy tranquila.
-Vengo por ti, dijo seria,
que ya es hora, no hay materia.
Jaime alzó su cuadernito
y le dijo: -Un ratito.
Se sentaron a sumar
y la flaca a bostezar,
diez problemas, cuenta y cuenta,
y la muerte no se orienta.
Cuando Jaime terminó
la calaca ya roncó,
y se fue sin acordarse
ni por qué quiso llevarse.
El dominó de Jaime
Don Jaime juega dominó
con los mismos que jugó
hace treinta y tantos años,
sin rencores ni regaños.
Se metió la flaca al juego
y perdió tres veces luego,
se enojó y aventó fichas
y gritó puras desdichas.
Don Jaime le dio la mano
y le habló como a un hermano:
-Aquí uno nunca se enoja,
se aguanta y luego se afloja.
Ya la muerte va los martes
a perder en todas partes,
y a don Jaime no lo apura
porque sola no le dura.
Jaime el zapatero
Jaime remienda zapatos
de los buenos y baratos,
llegó la muerte descalza
porque el hueso ya no le alza.
Le midió los pies pelones
y le armó unos tacones,
de charol y con hebilla
y un listón en la rodilla.
Se los puso la Catrina
y salió a dar a la esquina,
pero el tacón se atoró
y de boca se cayó.
Regresó bien enojada
y salió más apenada,
que Jaime, muy atinado,
ya le había facturado.
Jaime el herrero
Jaime dobla el puro fierro
y hace rejas para el cerro,
y le fue a pedir la huesuda
una reja bien menuda.
-Que me cierre bien la entrada,
que la tengo destrozada.
Jaime midió con su vara
y forjó una reja rara.
Le soldó cada barrote
con candado y con garrote,
y quedó tan bien cerrada
que no se abre ni pateada.
La Catrina quedó adentro
sin salida y sin encuentro,
y por eso, este noviembre,
nadie muere, ni en diciembre.
Jaime el mesero
Jaime atiende quince mesas
sin tirar ni las cervezas,
llegó la muerte a cenar
y no dejó de ordenar.
Pidió sopa, pidió arroz
y gritaba a toda voz.
Jaime le llevó charola
más pesada que ella sola.
Al final pidió la cuenta
y le dieron la tormenta:
tres mil pesos de consumo,
más servicio, según sumo.
No traía ni un centavo
y le dejaron el clavo,
hoy le ayuda en el servicio
y aprendió bien el oficio.
Jaime en el gimnasio
Jaime entrena a los mejores
y les quita los temores,
llegó la muerte al costal
a pegarle sin igual.
Al primer golpe que dio
la muñeca se zafó,
al segundo, el antebrazo,
y quedó sin ningún brazo.
Jaime le vendó la mano
y le dijo bien temprano:
-Aquí se pega con guante,
no con hueso, es importante.
Hoy la flaca usa careta
y se aguanta hasta la dieta,
pero pierde con cualquiera
y hoy la banca es su trinchera.
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