Calaveritas literarias para Isabel

A Isabel le dicen Chabela desde chiquita, y con ese apodo la anda buscando hasta la Catrina. Aquí van versos hechos a su medida, con humor de barrio y cariño del bueno. Van bien en el altar, en la fiesta o donde caiga la risa.

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Chabela y el examen

Chabelita va a la escuela con su lonche y su cuaderno; y la flaca la desvela desde el frío del invierno. -Chabela, ya te llegó tu turno -le dijo al fin-; pero Isabel contestó: -Falta el examen de fin. Le tocó un examen serio de lectura y de contar; la Catrina, hecha un misterio, no pudo ni contestar. La maestra le dio cero y un recado a su mamá; hoy la flaca, con esmero, estudia y ya no se va.

Chabela, la consentida

Chabela, la consentida, y patrona de la vida; donde pisas hay barullo y se nos hincha el orgullo. La Catrina anda al acecho desde el patio hasta tu techo; yo le puse un candadito y un letrero chiquitito. Decía, con mi cariño: -Aquí se cuida hasta al niño, a la abuela y al señor; regrese usted, por favor. La flaca leyó el letrero y se fue por el sendero; hoy Chabela sigue entera y la muerte espera afuera.

La fonda de Chabela

Chabela tiene una fonda y una cazuela redonda; llegó la muerte a comer sin poderse contener. Pidió caldo de gallina, mole, arroz y gelatina; y de postre, hasta tres flanes con azúcar y con panes. Chabela le dio de todo y le sirvió a su acomodo; la flaca quedó tan llena que no se paró a la cena. Llegó la hora de la cuenta y la muerte, muy contenta, descubrió que no traía ni un centavo, ni alcancía. Hoy le lava la vajilla y le trapea la orilla; mientras tanto, en el comal, nadie ha muerto en el portal.

La maestra Chabela

Chabela enseña a leer y no deja de correr; se le metió a su salón una flaca sin razón. -Vengo por la profesora -dijo la muerte traidora-; tantos niños ha enseñado que su turno ya ha llegado. Chabela, sin discutir, la sentó para escribir: -Cópieme usted la planita sin manchar la libretita. La calaca se aplicó pero el pulso le falló; hoy la vemos escribiendo y el recreo va corriendo.

Chabela y la carcacha

Chabela arregla motores y les quita los temblores; llegó la muerte empujando su carcacha, resoplando. -Ya no jala ni en bajada, trae la marcha destrozada; sin mi carro no trabajo y ando siempre para abajo. Chabela abrió aquel motor y encontró todo el horror: telarañas, polvo y tierra, y dos grillos de la sierra. Le cambió bujía y banda, hoy la flaca ya lo manda; pero corre tan contenta que hasta se le fue la cuenta.

Chabela y su sonido

Chabela pone el sonido en la fiesta del ejido; llegó la flaca a bailar sin permiso ni pagar. -Póngame una cumbia buena, de esas que quitan la pena; que traigo el hueso oxidado de tanto andar de mandado. Chabela le puso un son que retumbaba el balcón; la flaca se soltó entera bailando en la carretera. Bailó hasta que amaneció y el costal se le rompió; se salieron los difuntos y se fueron todos juntos.

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