Calaveritas literarias para Isaac
Isaac es de esos nombres que se prestan para todo: para el niño de la bicicleta y para el que se queda trabajando de madrugada. Estas calaveritas lo ponen frente a la Catrina en el taller, en la lancha y hasta en la ofrenda. Elige la que mejor le acomode.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Isaac y su bicicleta
Isaac tiene bicicleta
y una bolsa de galleta,
llegó la muerte a pedirle
un aventón, sin decirle.
Isaac la subió detrás
y pedaleó de más,
la flaca se fue de lado
y cayó sobre el sembrado.
Isaac frenó y regresó
y del suelo la juntó,
le sacudió el pantalón
y le dio un buen empujón.
Ahora van los dos al parque
sin que nadie los embarque,
ella atrás, bien agarrada,
y él al frente, sin frenada.
La ofrenda de Isaac
Isaac arregla la ofrenda
con retratos y una prenda,
y una vela en la ventana
que se enciende hasta mañana.
Llegó la muerte a la cita
con su rebozo y bonita,
y encontró a los que él quería
platicando todavía.
-Yo los traje, dijo quedo,
y ahora ni llevarlos puedo.
Isaac le sirvió su plato
y platicaron buen rato.
Se fue al alba, despedida,
sin llevarse ni una vida,
y dejó junto a la vela
una flor para su abuela.
Isaac el carpintero
Isaac lija su madera
desde el alba hasta que muera,
llegó la flaca al taller
a encargarle un menester.
-Necesito un buen cajón,
con manijas de latón.
Isaac midió y calculó
y en tres días lo entregó.
Le quedó tan elegante
con barniz y con diamante,
que la flaca se metió
nomás para ver si entró.
Se durmió como bendita
en su caja tan bonita,
y hoy Isaac le cobra el sueño
como renta, y es su dueño.
Isaac el repartidor
Isaac reparte paquetes
con sus cajas y juguetes,
y le encargan una entrega
a un panteón, y no se niega.
Tocó y salió la Catrina
en pijama y sin cortina:
-Fírmele aquí, por favor,
le dijo el repartidor.
Era un paquete pequeño
que compró de puro empeño:
una guadaña de moda
que se dobla y se acomoda.
Pero le llegó sin filo
y perdió todo su estilo,
hoy le reclama a la empresa
y no se lleva ni presa.
Isaac el pescador
Don Isaac se va a pescar
con su red y su cantar,
y lo sigue la huesuda
con su ancla y con su ayuda.
Se subieron a la lancha
y la flaca se hizo la ancha,
echó el anzuelo al revés
y se lo clavó en los pies.
Isaac le enseñó a jalar
y a saber cuándo esperar,
sacaron mojarra y trucha
después de una buena lucha.
La huesuda se emocionó
y su lista se mojó,
se borraron los mil nombres
y salvamos a los hombres.
Isaac y su teclado
Isaac programa de noche
sin ventana y sin reproche,
llegó la muerte a su cuarto
como a las tres, y de un salto.
-Vengo por ti, ya es tu día,
dijo con mucha alegría.
Isaac no la vio siquiera:
-Ahorita, dijo, ya espera.
Se sentó junto al teclado
y esperó como un soldado,
vio pasar la madrugada
entre luces y almohada.
Amaneció y no acababa,
y la muerte bostezaba,
se durmió en el escritorio
y él siguió su repertorio.
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