Calaveritas literarias para Irene

Irene aparece aquí con la flor de la escuela, con el tejido de la abuela y detrás del mostrador de la fonda, la taquilla y la nevería. La huesuda se le atraviesa en todas y siempre acaba formada, congelada o pagando la cuenta. Quédate con la que le vaya mejor.

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Irene y su flor

Irene lleva su flor a la escuela con amor; la calaca la siguió y en la puerta la esperó. -¿Para quién es esa flor? -Es de mi altar, por favor. -Pues yo quiero una también, que a mí nadie me da bien. Irene partió la flor y le dio la más mejor; hoy la flaca, en su altarcito, guarda el pétalo bonito.

Irene, mi abuelita

Doña Irene, mi abuelita, la que teje y que camina; cada tarde me visita con sus dulces de la esquina. Vino la flaca a su casa con su rebozo de luto; mi abuelita, que ahí pasa, la sentó por un minuto. Le sirvió pan y café y un chal tejido de estambre; la Catrina, no sé qué, se olvidó de todo el hambre. Se le fue la tarde entera platicando del pasado; hoy Irene ya la espera con su chal recién bordado.

Irene, la secretaria

Irene lleva la agenda del gerente y del doctor; la Catrina, muy tremenda, pidió cita, y sin favor. -Necesito hablar con él, que se acaba su jornada. Irene sacó el papel y no le encontró ni entrada. -Está lleno hasta diciembre, tome asiento en la salita. Y se quedó hasta noviembre esperando su citita. Se acabó café y galletas y el garrafón del pasillo; hoy archiva las libretas y le cuida hasta el bolsillo.

Irene y su fonda

Irene tiene una fonda de comida corridita; y la flaca, que ahí ronda, se formó por su sopita. -Deme sopa, arroz y guiso, con tortillas de las buenas. Irene le dio permiso y le sirvió a manos llenas. Repitió cuatro platillos y hasta el caldo del comal; se llenó hasta los huesillos y no aguantó ni el total. Ya en la cuenta se hizo tonta y salió por la cortina; pero Irene, que es muy pronta, hoy le lava la cocina.

Irene en el cine

Irene vende boletos en la taquilla del cine; llegó la flaca en aprietos a ver lo que le conviene. -Deme entrada de terror, que es la que más me divierte. Irene le dijo: -Error, que esa cinta es de la muerte. Se metió a la sala oscura con palomitas y un vaso; y del susto, sin figura, se salió a mitad, de un paso. Pidió que le devolvieran el dinero del boleto; Irene dijo: -Quisieran, pero cobro por completo.

Irene y sus nieves

Irene vende las nieves de limón y de garrafa; la Catrina, entre los jueves, se formó como jirafa. -Deme un cono de vainilla y también un vaso doble. Irene, con su sombrilla, la sirvió como a lo noble. Del frío se le trabó la quijada por completo; ni una letra pronunció ni pudo decir su reto. Se pasó la tarde entera con la boca congelada; hoy le ayuda en la nevera y no cobra la jornada.

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