Calaveritas literarias para Irene
Irene aparece aquí con la flor de la escuela, con el tejido de la abuela y detrás del mostrador de la fonda, la taquilla y la nevería. La huesuda se le atraviesa en todas y siempre acaba formada, congelada o pagando la cuenta. Quédate con la que le vaya mejor.
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Irene y su flor
Irene lleva su flor
a la escuela con amor;
la calaca la siguió
y en la puerta la esperó.
-¿Para quién es esa flor?
-Es de mi altar, por favor.
-Pues yo quiero una también,
que a mí nadie me da bien.
Irene partió la flor
y le dio la más mejor;
hoy la flaca, en su altarcito,
guarda el pétalo bonito.
Irene, mi abuelita
Doña Irene, mi abuelita,
la que teje y que camina;
cada tarde me visita
con sus dulces de la esquina.
Vino la flaca a su casa
con su rebozo de luto;
mi abuelita, que ahí pasa,
la sentó por un minuto.
Le sirvió pan y café
y un chal tejido de estambre;
la Catrina, no sé qué,
se olvidó de todo el hambre.
Se le fue la tarde entera
platicando del pasado;
hoy Irene ya la espera
con su chal recién bordado.
Irene, la secretaria
Irene lleva la agenda
del gerente y del doctor;
la Catrina, muy tremenda,
pidió cita, y sin favor.
-Necesito hablar con él,
que se acaba su jornada.
Irene sacó el papel
y no le encontró ni entrada.
-Está lleno hasta diciembre,
tome asiento en la salita.
Y se quedó hasta noviembre
esperando su citita.
Se acabó café y galletas
y el garrafón del pasillo;
hoy archiva las libretas
y le cuida hasta el bolsillo.
Irene y su fonda
Irene tiene una fonda
de comida corridita;
y la flaca, que ahí ronda,
se formó por su sopita.
-Deme sopa, arroz y guiso,
con tortillas de las buenas.
Irene le dio permiso
y le sirvió a manos llenas.
Repitió cuatro platillos
y hasta el caldo del comal;
se llenó hasta los huesillos
y no aguantó ni el total.
Ya en la cuenta se hizo tonta
y salió por la cortina;
pero Irene, que es muy pronta,
hoy le lava la cocina.
Irene en el cine
Irene vende boletos
en la taquilla del cine;
llegó la flaca en aprietos
a ver lo que le conviene.
-Deme entrada de terror,
que es la que más me divierte.
Irene le dijo: -Error,
que esa cinta es de la muerte.
Se metió a la sala oscura
con palomitas y un vaso;
y del susto, sin figura,
se salió a mitad, de un paso.
Pidió que le devolvieran
el dinero del boleto;
Irene dijo: -Quisieran,
pero cobro por completo.
Irene y sus nieves
Irene vende las nieves
de limón y de garrafa;
la Catrina, entre los jueves,
se formó como jirafa.
-Deme un cono de vainilla
y también un vaso doble.
Irene, con su sombrilla,
la sirvió como a lo noble.
Del frío se le trabó
la quijada por completo;
ni una letra pronunció
ni pudo decir su reto.
Se pasó la tarde entera
con la boca congelada;
hoy le ayuda en la nevera
y no cobra la jornada.
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