Calaveritas literarias para Iker
A Iker le sobra energía y a la huesuda le falta paciencia, así que el encuentro estaba cantado. Aquí lo alcanza en el salón, en la banca del recreo, en la consola y hasta bajando el cerro en bici. Léelas en voz alta y dedícaselas al Iker de tu casa.
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Iker en el recreo
Iker corre en el recreo
con su torta de jamón;
la calaca dijo: -Creo
que me das un mordiscón.
Iker parte la mitad,
y la flaca se sentó
con su risa de amistad
en la banca que sobró.
Tocó el timbre y se acabó
la comida y el descanso;
la calaca se limpió
y se fue con paso manso.
-Gracias, Iker -le decía-,
qué buen niño, qué buen don;
volveré por otro día
nada más por tu jamón.
Iker y el examen
Iker llegó a presentar
su examen para sumar;
se le olvidó la lección
y sudaba el corazón.
Llegó la flaca a soplarle
las respuestas sin pensarle;
sumó mal el resultado
y los dos se han reprobado.
La maestra, muy enojada,
les mandó a los dos tarea;
la calaca, resignada,
ya no quiso más pelea.
Ahora Iker va temprano
a estudiar con su cuaderno;
la calaca, de la mano,
lo acompaña hasta el invierno.
Para mi Iker
Iker, niño de mis ojos,
alegría de la casa,
no hay tristeza ni sonrojos
cuando tu risita pasa.
La Catrina anda rondando
con su rebozo de flores;
pero yo le voy rogando
que se lleve mis dolores.
Le puse pan, tejocote,
y mi vela en el altar,
para que la flaca note
que contigo no hay que andar.
Iker, sigue de travieso,
que la flaca esperará;
y hasta ella, con tu beso,
un ratito jugará.
Iker y la consola
Iker vive en la consola
con el control bien pegado;
no contesta ni una sola
pregunta que le han lanzado.
Llegó la flaca a su cuarto,
tomó el control del sillón:
-Si me ganas, yo me aparto;
si te gano, va el cajón.
Jugaron toda la noche,
la mañana y otro día;
la huesuda, sin reproche,
ya perdía y ya perdía.
Se rindió con la derrota
y tiró el control al suelo:
-Tú te quedas, yo estoy rota;
mejor me regreso al cielo.
Iker y sus zapatos blancos
Iker trae unos zapatos
blanquísimos, muy bonitos;
y los limpia a cada rato
y los tapa con trapitos.
Llegó la flaca en la fiesta
a bailar con quien pudiera,
y en la vuelta más molesta
le pisó la delantera.
Iker gritó del coraje,
se le fue todo el color;
la Catrina, sin lenguaje,
se escondió tras el tambor.
Y la flaca, ya apenada,
le lustra los dos zapatos,
y se marcha, resignada,
a pisar a los ingratos.
Iker y la bicicleta
Iker anda en bicicleta
sin frenos y sin bocina;
baja el cerro cual cometa
y se lleva hasta la esquina.
La huesuda lo esperaba
en la curva del panteón,
y su lista repasaba
para hacer la anotación.
Iker pasó tan volado
que la tiró del asiento;
la dejó del otro lado
revolcada por el viento.
Juntó la flaca sus huesos,
y se puso su sombrero;
y dijo, entre mil regresos:
-Yo lo espero el año entero.
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