Calaveritas literarias para Iker

A Iker le sobra energía y a la huesuda le falta paciencia, así que el encuentro estaba cantado. Aquí lo alcanza en el salón, en la banca del recreo, en la consola y hasta bajando el cerro en bici. Léelas en voz alta y dedícaselas al Iker de tu casa.

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Iker en el recreo

Iker corre en el recreo con su torta de jamón; la calaca dijo: -Creo que me das un mordiscón. Iker parte la mitad, y la flaca se sentó con su risa de amistad en la banca que sobró. Tocó el timbre y se acabó la comida y el descanso; la calaca se limpió y se fue con paso manso. -Gracias, Iker -le decía-, qué buen niño, qué buen don; volveré por otro día nada más por tu jamón.

Iker y el examen

Iker llegó a presentar su examen para sumar; se le olvidó la lección y sudaba el corazón. Llegó la flaca a soplarle las respuestas sin pensarle; sumó mal el resultado y los dos se han reprobado. La maestra, muy enojada, les mandó a los dos tarea; la calaca, resignada, ya no quiso más pelea. Ahora Iker va temprano a estudiar con su cuaderno; la calaca, de la mano, lo acompaña hasta el invierno.

Para mi Iker

Iker, niño de mis ojos, alegría de la casa, no hay tristeza ni sonrojos cuando tu risita pasa. La Catrina anda rondando con su rebozo de flores; pero yo le voy rogando que se lleve mis dolores. Le puse pan, tejocote, y mi vela en el altar, para que la flaca note que contigo no hay que andar. Iker, sigue de travieso, que la flaca esperará; y hasta ella, con tu beso, un ratito jugará.

Iker y la consola

Iker vive en la consola con el control bien pegado; no contesta ni una sola pregunta que le han lanzado. Llegó la flaca a su cuarto, tomó el control del sillón: -Si me ganas, yo me aparto; si te gano, va el cajón. Jugaron toda la noche, la mañana y otro día; la huesuda, sin reproche, ya perdía y ya perdía. Se rindió con la derrota y tiró el control al suelo: -Tú te quedas, yo estoy rota; mejor me regreso al cielo.

Iker y sus zapatos blancos

Iker trae unos zapatos blanquísimos, muy bonitos; y los limpia a cada rato y los tapa con trapitos. Llegó la flaca en la fiesta a bailar con quien pudiera, y en la vuelta más molesta le pisó la delantera. Iker gritó del coraje, se le fue todo el color; la Catrina, sin lenguaje, se escondió tras el tambor. Y la flaca, ya apenada, le lustra los dos zapatos, y se marcha, resignada, a pisar a los ingratos.

Iker y la bicicleta

Iker anda en bicicleta sin frenos y sin bocina; baja el cerro cual cometa y se lleva hasta la esquina. La huesuda lo esperaba en la curva del panteón, y su lista repasaba para hacer la anotación. Iker pasó tan volado que la tiró del asiento; la dejó del otro lado revolcada por el viento. Juntó la flaca sus huesos, y se puso su sombrero; y dijo, entre mil regresos: -Yo lo espero el año entero.

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