Calaveritas literarias para Ignacio
Ignacio suena serio hasta que alguien grita Nacho y todo el mundo voltea. Estas calaveritas lo persiguen de la mochila al horno, del volante a la portería, con la muerte siempre un paso atrás y siempre saliendo perdiendo. Escoge la que le quede a tu Nacho.
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Nacho y su mochila
Nacho carga su mochila
con sus libros hechos pila,
llegó la muerte a ayudarlo
nada más para cargarlo.
No aguantó dos escalones
y regó sus costillones,
Nacho la juntó del suelo
y le dio hasta su pañuelo.
-Tu mochila está muy dura,
dijo la calaca oscura,
yo mejor te espero afuera
con mi silla de tijera.
Nacho llegó a su salón
con tarea en el cajón,
y la muerte, en la ventana,
lo esperó hasta la mañana.
Ignacio y su huerto
Don Ignacio riega el huerto
desde que el sol va despierto,
y la muerte lo acompaña
con su escoba y su guadaña.
Le prometió una manzana
si esperaba una semana,
y la flaca, que es golosa,
se esperó sin decir cosa.
Ya van veinte y tantos años
de manzanas y de engaños,
y la muerte, allí sentada,
ya se siente bien pagada.
Cuando el árbol ya no dé
se irán juntos, ya lo sé,
uno adelante, ella atrás,
platicando, y nada más.
Nacho el panadero
Nacho amasa desde el lunes
conchas, cuernos y betunes,
llegó la flaca a la una
con canasta y con fortuna.
-Vengo por el panadero,
dijo, enseñando el letrero.
Nacho le sacó una concha
recién hecha y bien rechoncha.
Se comió como cuarenta
y perdió toda la cuenta,
se llenó de tal manera
que no cupo en la panera.
Se durmió sobre el costal
con la panza y con el mal,
hoy trabaja de ayudante
con harina hasta el turbante.
Ignacio el chofer
Ignacio maneja un camión
con su virgen de cartón,
subió la muerte en la esquina
sin pagar y sin propina.
-Bájese, que no hay boleto,
le gritó Nacho, concreto,
y la flaca, ya subida,
se agarró de la salida.
Se arrancó con tal manera
que la echó por la trasera,
se lanzó sobre dos ruedas
y regó todas sus monedas.
Se bajó en el primer alto
y se fue de un mero salto,
hoy prefiere andar a pie
y a Nacho ya ni lo ve.
Nacho el barbero
La barbería de Nacho
abre desde el sol más gacho,
llegó la muerte a cortarse
lo que ya no iba a peinarse.
-Quiero copete y patilla,
y la barba hasta la orilla.
Nacho sacó la navaja
y le dijo: -No hay ventaja.
-Aquí no hay ni pelusita,
es puro hueso y calaquita.
La flaca se puso seria
y sacó toda su feria.
Nacho le pintó un bigote
y le dio hasta su capote,
salió al barrio presumida
y ya no volvió en su vida.
Ignacio en la portería
Nacho juega de portero
y no pasa ni el balero,
llegó la muerte a tirar
un penal para ganar.
Puso el hueso en el balón
y pateó con emoción,
pero el tiro se le fue
más arriba que su fe.
El balón cayó en la grada
y la flaca, desarmada,
se quedó sin su guadaña
y con una tibia extraña.
Terminó como suplente
y en la banca, muy paciente,
hoy le lava el uniforme
y le firma hasta el informe.
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