Calaveritas literarias para Héctor

Héctor es de esos nombres que suenan a respeto y que en la casa se vuelven puro cariño. La huesuda lo ha buscado en el taller, en la plaza con el mariachi, entre los rosales y hasta con un paquete urgente, y siempre acaba firmando de recibido. Aquí van calaveritas para los Héctor que cumplen a la primera.

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Héctor y su avioncito

Héctor hace un avioncito con la hoja del cuaderno; lo avienta bien despacito y da un vuelo bien eterno. La calaca lo atrapó en el aire con la mano; Héctor no se lo quitó y le enseñó como hermano. Hoy la muerte hace avioncitos y los lanza en el recreo; y entre risas y entre gritos se le cumple su deseo.

Héctor, mi hermano

Mi hermano Héctor me enseña a andar en bici sin manos; y si caigo, ni se empeña en contarlo a los hermanos. Vino la flaca a llevarlo con la bici en el zaguán; y no pudo ni alcanzarlo por más que le puso afán. Cuando al fin se lo llevó iba con el mismo aliento; y en mi bici me dejó su manera y su contento.

Héctor y su serrucho

Héctor labra la madera con serrucho y con cepillo; te hace un ropero cualquiera y sin un solo tornillo. Pidió la flaca un cajón a la medida del hueso; Héctor sacó su tablón y midió sin más exceso. Le quedó tan elegante con barniz y con listones, que la muerte, muy campante, lo pasea en los rincones.

Héctor y su guitarrón

Héctor toca el guitarrón en la plaza, cada noche; le regala una canción a quien pasa, sin reproche. Llegó la flaca a pedir las mañanitas completas; Héctor se las fue a cumplir con violines y trompetas. Se emocionó la pelona y pidió otras diecisiete; y hoy la muerte, que perdona, le paga con un billete.

Héctor entre rosales

Héctor poda los rosales y les habla a las violetas; no le salen dos iguales en aquellas dos macetas. Llegó la flaca a cortar el clavel más consentido; Héctor la puso a sembrar un jardín bien florecido. Tanto trabajó en la tierra que se le olvidó la lista; hoy en su rancho se encierra y presume de florista.

Héctor y su moto

Héctor reparte paquetes en su moto, todo el día; lleva cartas y juguetes con la caja ya vacía. Le encargó la calavera un paquete al más allá; y Héctor, a su manera, se lo entregó donde está. Firmó la muerte el recibo con la punta del meñique; y dejó a Héctor bien vivo pa que luego le repique.

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