Calaveritas literarias para Héctor
Héctor es de esos nombres que suenan a respeto y que en la casa se vuelven puro cariño. La huesuda lo ha buscado en el taller, en la plaza con el mariachi, entre los rosales y hasta con un paquete urgente, y siempre acaba firmando de recibido. Aquí van calaveritas para los Héctor que cumplen a la primera.
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Héctor y su avioncito
Héctor hace un avioncito
con la hoja del cuaderno;
lo avienta bien despacito
y da un vuelo bien eterno.
La calaca lo atrapó
en el aire con la mano;
Héctor no se lo quitó
y le enseñó como hermano.
Hoy la muerte hace avioncitos
y los lanza en el recreo;
y entre risas y entre gritos
se le cumple su deseo.
Héctor, mi hermano
Mi hermano Héctor me enseña
a andar en bici sin manos;
y si caigo, ni se empeña
en contarlo a los hermanos.
Vino la flaca a llevarlo
con la bici en el zaguán;
y no pudo ni alcanzarlo
por más que le puso afán.
Cuando al fin se lo llevó
iba con el mismo aliento;
y en mi bici me dejó
su manera y su contento.
Héctor y su serrucho
Héctor labra la madera
con serrucho y con cepillo;
te hace un ropero cualquiera
y sin un solo tornillo.
Pidió la flaca un cajón
a la medida del hueso;
Héctor sacó su tablón
y midió sin más exceso.
Le quedó tan elegante
con barniz y con listones,
que la muerte, muy campante,
lo pasea en los rincones.
Héctor y su guitarrón
Héctor toca el guitarrón
en la plaza, cada noche;
le regala una canción
a quien pasa, sin reproche.
Llegó la flaca a pedir
las mañanitas completas;
Héctor se las fue a cumplir
con violines y trompetas.
Se emocionó la pelona
y pidió otras diecisiete;
y hoy la muerte, que perdona,
le paga con un billete.
Héctor entre rosales
Héctor poda los rosales
y les habla a las violetas;
no le salen dos iguales
en aquellas dos macetas.
Llegó la flaca a cortar
el clavel más consentido;
Héctor la puso a sembrar
un jardín bien florecido.
Tanto trabajó en la tierra
que se le olvidó la lista;
hoy en su rancho se encierra
y presume de florista.
Héctor y su moto
Héctor reparte paquetes
en su moto, todo el día;
lleva cartas y juguetes
con la caja ya vacía.
Le encargó la calavera
un paquete al más allá;
y Héctor, a su manera,
se lo entregó donde está.
Firmó la muerte el recibo
con la punta del meñique;
y dejó a Héctor bien vivo
pa que luego le repique.
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