Calaveritas literarias para Gloria

El nombre de Gloria ya suena a fiesta, y ella no desmiente la fama. Hasta la Catrina se le arrima nomás por el gusto de oírla. Aquí van sus calaveritas, para el altar, para la escuela o para la carcajada de la tarde.

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Gloria y el poema

Gloria llega a su salón con su lonche y su cantar; se aprendió cada renglón sin tenerse que apurar. Se metió la calavera por la puerta principal: -Vengo por esa primera que se lleva el estelar. Gloria le prestó una silla y le dijo con candor: -Hoy toca la maravilla del examen de lector. Le pusieron a leer un poema de este mes; no lo pudo ni entender: hoy va a clases otra vez.

Gloria, nombre de repique

Gloria, nombre de repique, que la fiesta te dedique; donde llegas hay canción y se llena el corazón. Se paró la muerte al lado con su costal apretado; yo le dije: -Está cantando, váyase usted esperando. Se quedó oyendo el bolero que cantabas el primero; y de tanta serenata se olvidó de la bravata. Hoy te sigue de segunda con su voz ronca y profunda; mientras cantan a dos voces y no llega ni a las doce.

Gloria y su verdura

Gloria vende la verdura bien lavada y bien madura; vino la flaca al puestito con su morral chiquitito. -Deme un kilo de tomate y otro tanto de aguacate; cebollita y perejil para un caldo señoril. Gloria le llenó el morral con lo verde y lo local; le regaló su pilón de cilantro y de limón. Del peso se fue de lado y rodó todo el mercado; se le fueron las verduras y también sus dos criaturas.

La brocha de Gloria

Gloria pinta de colores las fachadas y exteriores; llegó la muerte a pedir que le vuelva a reteñir. -Ando toda deslavada y de arriba despintada; píntemela de amarillo con listón y mucho brillo. Gloria mezcló la pintura con barniz y con soltura; la dejó color canario y con puntos de rosario. Tan bonita se miraba que a ninguno ya espantaba; hoy la invitan a las fiestas y se cuela a las orquestas.

Las cartas de la flaca

Gloria reparte el correo casa a casa, sin rodeo; la Catrina le entregó mil cartitas que escribió. -Son avisos de partida para gente conocida; entréguelas hoy temprano sin que falte ni un cristiano. Gloria cargó su bultito y salió con su carrito; pero el viento se soltó y las cartas se llevó. Se volaron por el río y acabaron en el frío; sin aviso y sin recado nadie se murió, cuidado.

Gloria en el museo

Gloria enseña en el museo sala a sala, sin recreo; entró la muerte a la sala con su boleto de gala. -Yo me llevo aquel retrato que me sale bien barato; y de paso a la señora que lo explica desde ahora. Gloria le contó la historia de la sala y de su gloria; del pintor, de su pincel y hasta el precio del papel. Se durmió la calaquita en la banca chaparrita; la encerraron al cerrar y no ha vuelto a trabajar.

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