Calaveritas literarias para Gilberto
A Gilberto la huesuda lo ha buscado en medio pueblo y todavía nada. Aquí lo persigue en el salón de clases, en el huerto de la familia, con la llave de tuercas, en la clínica de animales, con la escoba en la mano y detrás de la barra. Escoge la que le quede mejor y déjasela junto a su retrato.
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Gilberto el aplicado
Gilberto es el más chiquito
y el primero del salón;
se aprendió todo el librito
y hasta el himno y la lección.
Llegó la muerte, coqueta,
a sentarse junto a él;
sacó gis y una libreta
y le pidió su papel.
Gilberto le fue explicando
las vocales y el porqué;
la calaca iba anotando
y aprendiendo, no sé qué.
Al final se despidió
con diploma y con corona;
la calaca se olvidó
de llevarse a la persona.
El huerto de don Gilberto
Don Gilberto tiene un huerto
de duraznos y manzana;
lo trabaja a campo abierto
desde antes de la mañana.
Llegó la flaca cansada
por el polvo del camino;
y encontró la mesa armada
con su plato y con su vino.
Don Gilberto le brindó
un durazno y un abrazo;
la Catrina se quedó
y le concedió otro plazo.
Se fue un día don Gilberto
con su pala y su sombrero;
y hoy el huerto sigue abierto
esperando al jardinero.
Gilberto el plomero
Gilberto es un buen plomero
que compone toda fuga;
con su llave, el mero mero,
deja el caño sin arruga.
Vino la flaca escurriendo
por un hueco en la costilla;
Gilberto la fue sellando
con silicón y masilla.
Le cambió la coladera
y le puso llave nueva;
la Catrina, tan ligera,
ya no sabe lo que lleva.
Le cobró por la premura
el domingo y el favor;
y la flaca, sin ventura,
lava trastes de deudor.
Gilberto y el perro de la flaca
Gilberto cura animales
en su clínica de esquina;
atiende gatos leales
y hasta perros de rutina.
Vino la flaca y su perro
todo flaco y sin pellejo:
-Cúremelo, que lo entierro
y no quiero verlo viejo.
Gilberto lo revisó,
le dio hueso y su medicina;
el perrito se sanó
y ladró toda la esquina.
Salió el perro tan contento
que ladró hasta el mediodía;
y la muerte, en un momento,
se quedó sin compañía.
Gilberto y su escoba
Gilberto barre la acera
del mercado y del portal;
deja limpia la escalera
y hasta el pasto del canal.
La flaca tiró un huesito
en la calle ya barrida;
Gilberto le dio un gritito
y le apuntó la salida.
-Aquí no se tira nada
-le dijo con su escobón-,
levante usted la tirada
y respete mi rincón.
La Catrina, muy sumisa,
recogió lo que tiró;
y hoy barre, sin darse prisa,
la banqueta que ensució.
Gilberto detrás de la barra
Gilberto es el cantinero
del salón y del mesón;
sirve el trago justiciero
y te escucha el corazón.
Llegó la muerte a la barra
pidiendo un trago doblado;
y sacó hasta su guitarra
para el llanto y el pasado.
Gilberto, muy diligente,
le sirvió su limonada;
la Catrina, muy sonriente,
la bebió de una tirada.
Le cobró la cuenta entera
y la flaca no traía;
hoy le lava la trastera
y le barre cada día.
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