Calaveritas literarias para Genaro

Genaro es de esos que se le van a la huesuda por terquedad y por buena maña. Aquí lo alcanza en el salón de clases, en el corral del rancho, frente al yunque, cuidando la bodega de noche, pegando suelas y con la brocha en la mano. Escoge la que más se le parezca y déjasela junto a la veladora.

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Genaro y la lección

Genaro es un niño raro que se sabe la libreta; lo dice fuerte y bien claro y hasta a la muerte le reta. Vino la flaca al salón con su gis y borrador: -A ver, dime la lección y el examen anterior. Genaro se la contó sin fallar ni una palabra; la calaca se durmió y soñó con una cabra. Despertó cuando el recreo ya se había terminado; dijo: -Ya me voy, lo veo, este niño está estudiado.

Don Genaro en el corral

Don Genaro madrugaba a ordeñar en la mañana; con su café se aguantaba la neblina y la solana. Llegó la muerte al corral con la soga preparada: -Vengo por el mayoral de esta tierra colorada. Don Genaro le ofreció un jarrito muy caliente; la Catrina lo probó y se puso muy sonriente. Se llevó a mi don Genaro con su jarro y su sombrero; y hoy la muerte, sin reparo, va ordeñando el año entero.

Genaro y el yunque

Genaro es el buen herrero de la calle principal; dobla fierro y hace acero con el yunque y el metal. La flaca vino a encargar una reja para el hoyo; Genaro empezó a soldar sin dejar ni un solo apoyo. Le soldó cada barrote con chispas de mil colores; la calaca, sin rebote, vio brillar cien resplandores. Quedó la reja tan fuerte que ni ella pudo pasar; y hoy se queda de esa suerte sin poder ni trabajar.

Genaro de guardia

Genaro cuida de noche la bodega y el portón; no se le escapa ni un coche ni un ratón en el rincón. Se coló la muerte armada con su hoz y su costalito; Genaro, sin decir nada, le tocó su silbatito. Le pidió su credencial y el gafete de visita; la Catrina, sin señal, se quedó allí, tiesecita. La dejó fuera un momento y cerró con su cadena; y hoy la flaca, sin aliento, sigue afuera, en plena pena.

Genaro el zapatero

Genaro arregla zapatos en su banco de la esquina; y pega suelas a ratos y hasta cose la botina. Llegó la flaca en patines resbalando en el zaguán: -Cámbiame ya los botines porque ya no más no van. Genaro le puso suela de la buena, de tres capas; la calaca, sin espuela, presumió sus nuevas tapas. Le quedaron tan bonitos que salió a correr al llano; y se fue con sus huesitos y olvidó su plan malsano.

Genaro y la brocha

Genaro es un buen pintor de paredes y portones; con su brocha y su color deja nuevos los rincones. Llegó la flaca encalada pidiendo un tono de moda: -Ando pálida y cansada, píntame de rosa toda. Genaro sacó el rodillo y le dio dos buenas manos; la dejó como un ladrillo de colores mexicanos. Quedó rosa la Catrina con su falda colorada; y hoy pasea por la esquina sin llevarse a nadie a nada.

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