Calaveritas literarias para Genaro
Genaro es de esos que se le van a la huesuda por terquedad y por buena maña. Aquí lo alcanza en el salón de clases, en el corral del rancho, frente al yunque, cuidando la bodega de noche, pegando suelas y con la brocha en la mano. Escoge la que más se le parezca y déjasela junto a la veladora.
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Genaro y la lección
Genaro es un niño raro
que se sabe la libreta;
lo dice fuerte y bien claro
y hasta a la muerte le reta.
Vino la flaca al salón
con su gis y borrador:
-A ver, dime la lección
y el examen anterior.
Genaro se la contó
sin fallar ni una palabra;
la calaca se durmió
y soñó con una cabra.
Despertó cuando el recreo
ya se había terminado;
dijo: -Ya me voy, lo veo,
este niño está estudiado.
Don Genaro en el corral
Don Genaro madrugaba
a ordeñar en la mañana;
con su café se aguantaba
la neblina y la solana.
Llegó la muerte al corral
con la soga preparada:
-Vengo por el mayoral
de esta tierra colorada.
Don Genaro le ofreció
un jarrito muy caliente;
la Catrina lo probó
y se puso muy sonriente.
Se llevó a mi don Genaro
con su jarro y su sombrero;
y hoy la muerte, sin reparo,
va ordeñando el año entero.
Genaro y el yunque
Genaro es el buen herrero
de la calle principal;
dobla fierro y hace acero
con el yunque y el metal.
La flaca vino a encargar
una reja para el hoyo;
Genaro empezó a soldar
sin dejar ni un solo apoyo.
Le soldó cada barrote
con chispas de mil colores;
la calaca, sin rebote,
vio brillar cien resplandores.
Quedó la reja tan fuerte
que ni ella pudo pasar;
y hoy se queda de esa suerte
sin poder ni trabajar.
Genaro de guardia
Genaro cuida de noche
la bodega y el portón;
no se le escapa ni un coche
ni un ratón en el rincón.
Se coló la muerte armada
con su hoz y su costalito;
Genaro, sin decir nada,
le tocó su silbatito.
Le pidió su credencial
y el gafete de visita;
la Catrina, sin señal,
se quedó allí, tiesecita.
La dejó fuera un momento
y cerró con su cadena;
y hoy la flaca, sin aliento,
sigue afuera, en plena pena.
Genaro el zapatero
Genaro arregla zapatos
en su banco de la esquina;
y pega suelas a ratos
y hasta cose la botina.
Llegó la flaca en patines
resbalando en el zaguán:
-Cámbiame ya los botines
porque ya no más no van.
Genaro le puso suela
de la buena, de tres capas;
la calaca, sin espuela,
presumió sus nuevas tapas.
Le quedaron tan bonitos
que salió a correr al llano;
y se fue con sus huesitos
y olvidó su plan malsano.
Genaro y la brocha
Genaro es un buen pintor
de paredes y portones;
con su brocha y su color
deja nuevos los rincones.
Llegó la flaca encalada
pidiendo un tono de moda:
-Ando pálida y cansada,
píntame de rosa toda.
Genaro sacó el rodillo
y le dio dos buenas manos;
la dejó como un ladrillo
de colores mexicanos.
Quedó rosa la Catrina
con su falda colorada;
y hoy pasea por la esquina
sin llevarse a nadie a nada.
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