Calaveritas literarias para Gael

Gael es de esos nombres que se oyen en todos los salones y en todas las canchas. Aquí la huesuda lo persigue por la escuela, por la taquería, por la peluquería y hasta por el celular, siempre con más ganas que suerte. Léelas en el altar o mándaselas al Gael que te caiga bien.

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Gael y la mochila

Gael llegó a la escuela con la mochila al revés; se le olvidó la acuarela y su cuaderno de inglés. La calaca, muy amable, le prestó su cuadernito: -Escribe con letra estable y me lo cuidas tantito. Gael estudió con ganas, la calaca le sopló; se aprendieron las semanas y todo aquello que olvidó. La maestra, sorprendida, preguntó quién le enseñaba; Gael contestó enseguida: -La que a nadie perdonaba.

Gael, el catrín del desfile

Gael se vistió de catrín con su bastón y su flor; salió al patio del jardín hecho todo un gran señor. La Catrina, que pasaba, se quedó bien sorprendida: -Este niño me copiaba el vestido y la medida. Se formó junto a los niños para el baile del final; la maestra, entre los guiños, le dio el premio principal. La Catrina se llevó el bastón y el sombrerito; pero Gael se quedó con aplausos y un gritito.

A mi Gael

Gael, cuando andes creciendo no te olvides de este día, que tu risa fue el remiendo de mi vieja melodía. La huesuda anda buscando a quién llevarse esta noche; yo le dije: -Sigue andando, que aquí no cabe tu coche. Te guardé pan de tu antojo, chocolate y mandarina, y una vela con su rojo que te alumbre la neblina. Y si viene la Catrina te convida su tequila, dile: -Vaya usted, vecina, que mi madre me vigila.

Gael y los tacos

Gael no perdona un taco, se los come como saco; de pastor pide un montón y se acaba hasta el limón. Llegó la flaca al puestito y pidió una orden doble; y Gael, muy calladito, se comió la porción noble. La huesuda reclamó con la mano en la cadera; y Gael solo sonrió y pidió otra orden entera. Y la flaca se fue sola, con la panza bien llenita; Gael, con su cocacola, le gritó: -Vuelva, tantita.

Gael en la peluquería

Gael quiso un corte nuevo con rayitas al costado; le dijeron: -No me atrevo, y salió muy encantado. La Catrina lo miraba desde el vidrio del salón; de la envidia se peinaba su cabeza de melón. Entró y le dijo al barbero: -Hágame el mismo diseño; le pago todo el dinero y hasta le regalo un sueño. El barbero, tembloroso, le pasó la maquinita; se rindió: -Qué vergonzoso, no hay ni un pelo, señorita.

Gael y el celular

Gael trae el celular pegado a la mera oreja; no hay manera de lograr que lo suelte, ni con reja. La huesuda le llamó un domingo, de mañana; Gael no le contestó y la dejó en la ventana. Le mandó mil mensajitos, le escribió por el buzón; y Gael, con dos deditos, le bloqueó la conexión. La huesuda, ya enojada, se plantó frente al zaguán; Gael le abrió la portada: -Perdón, se acabó mi plan.

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