Calaveritas literarias para Frida
A Frida le sale el color por donde pase: crayones, pinceles, flores de muerto y hasta la cámara. La huesuda la ha ido a buscar en todos esos oficios y siempre se queda embobada mirándose. Aquí van los versos listos para dedicárselos.
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Frida y sus colores
Frida pinta con crayones
flores, soles y ratones;
la calaca se acercó
y un dibujo le pidió.
-Píntame bien mi retrato
para el altar, y barato.
Frida le pintó un sombrero
con listones y un lucero.
La calaca se miró
y de gusto se soltó;
hoy le encarga cada mes
un dibujo, y luego tres.
Frida, mi hermana
Se llama Frida mi hermana,
la más chica de la casa;
se levanta de mañana
y ya nada se le pasa.
Llegó la flaca temprano
con su lista y su bastón;
yo la tomé de la mano
y le pedí compasión.
Frida le mostró sus flores
y un dibujo de la abuela;
la Catrina, entre colores,
se quedó como en la escuela.
No se llevó a mi hermanita:
se llevó un cuadro pintado;
y en su casa, tan solita,
ya lo tiene bien colgado.
Frida y sus pinceles
Frida pinta de memoria
retratos, muros, paisajes;
llegó la flaca, con gloria,
pidiendo dos maquillajes.
-Quiero verme muy bonita
para el día de mi fiesta.
Frida, que nunca se irrita,
le contesta: -Nada cuesta.
Le pintó dos cejas gruesas
y un rebozo colorado;
flores rojas y traviesas
en el pelo bien trenzado.
Se miró y no se creía
lo bonita que quedó;
tanto tiempo se veía
que el encargo se olvidó.
Frida, la dentista
Frida saca hasta las muelas
sin que duela ni un poquito;
vino la flaca, y sin suelas,
a sacarse un dientecito.
Frida le miró la boca
y contó su dentadura;
-Aquí nada se le toca,
que la tiene bien y dura.
-Pues entonces, ya me llevo
a la que me está atendiendo.
Frida le contesta: -Debo
terminar lo que estoy viendo.
Le limpió muy bien el sarro
y le puso un buen brillante;
hoy la flaca, sin desgarro,
va y presume por delante.
Frida, la florista
Frida vende flor de muerto
en el puesto del mercado;
la Catrina, por lo cierto,
se llevó todo el mandado.
-Deme rosas y clavel
y también nube y helecho.
Frida le dijo: -Con él
no me sale ni el provecho.
Regateó la Catrina
media hora por el pasillo;
Frida, que es medio ladina,
le subió al ramo sencillo.
Se llevó dos manojitos
para el altar de su casa;
y le paga con huesitos
cada octubre que ya pasa.
Frida, la fotógrafa
Frida saca las fotitos
de las bodas y bautizos;
la calaca, entre los mitos,
le pidió dos, con hechizos.
-Yo quiero foto de gala
con mi mejor cortinaje.
Frida la sentó en la sala
y le acomodó el ropaje.
-Sonría para el retrato,
y ella ya venía riendo;
se le trabó el aparato
de la risa que iba viendo.
Al final salió movida
y con ojos de conejo;
pero así quedó prendida
y la cuelga en el espejo.
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