Calaveritas literarias para Fernando
Fernando, o Fer para la banda, es de los que le sacan la vuelta a la huesuda con pura labia y buen humor. Aquí van calaveritas para leerle en la ofrenda, en la cancha o en la comida del domingo.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Fernando y su flauta
Fernando toca la flauta
en la clase de la tarde;
y le sigue bien la pauta
al maestro, sin alarde.
Se coló una calaquita
por debajo de la puerta:
-Yo también quiero flautita,
con la boca bien abierta.
Fer le dio la suya vieja,
le enseñó dónde soplar;
pero el aire se le queja
y no puede ni empezar.
Como un hueso no resopla
si no tiene ni pulmón,
la calaca, a cada copla,
le hace coro con el son.
Fer, compañero de vida
Fernando, mi compañero,
el del café en la mañana,
el que arregla el mundo entero
con un beso y una gana.
Si la flaca se antojara
de llevarte de mi lado,
yo le pongo mesa clara
y un tequila reposado.
Que se siente, que platique,
que nos cuente sus andanzas,
y que el tiempo se dedique
a alargarnos las bonanzas.
Cuando al fin se vaya a casa
con el alba ya encendida,
seguirá la misma brasa
calentando nuestra vida.
Fer el cartero
Fernando lleva el correo
de la esquina hasta el mercado;
va en su moto de trofeo
con el sobre bien fajado.
Un buen día, un telegrama
le llegó de madrugada;
y decía: -Fer, te llamo,
que ya está tu hora marcada.
Fer buscó la dirección
por veredas y portales;
no encontró ni un callejón
ni las señas principales.
La Catrina espera el sobre
desde entonces en su puerta,
y aunque llore y aunque cobre,
la entrega no está resuelta.
Fer el mariachi
Fernando canta en la plaza
con su traje y su trompeta;
cobra poco y no se pasa
y se avienta la chancleta.
La Catrina lo contrata
pa cantar en su velorio:
-Trae guitarra y trae sonata,
que habrá un enorme jolgorio.
Fer llegó con doce sones,
su violín y su guitarra;
les cantó los corazones
hasta el fondo de la jarra.
La Catrina se soltó
a llorar con un bolero,
hasta que el muerto cantó
y salió con el sombrero.
Fer y la póliza
Fernando vende seguros
con contrato y con confianza;
te asegura hasta los muros
y el pellejo y la panza.
La Catrina fue a firmarle
una póliza de muerte:
-Yo no vine a preguntarle,
sino a cobrarme la suerte.
Fer sacó su papelito
con la letra bien chiquita:
-Aquí dice, por escrito,
que se cubre otra visita.
Se enredó en el deducible
y en la letra del seguro;
resultó tan imposible
que se le venció el futuro.
Fer el entrenador
Fernando entrena al equipo
de la liga de aquel barrio;
les enseña, tipo a tipo,
a correr como un canario.
Se metió la flaca al juego
de portera titular;
y ella dijo: -Yo no ruego,
aquí vengo a levantar.
Fernando le dio los guantes
y la puso en portería;
le anotaron dos gigantes
golazos de fantasía.
La Catrina se enojó
y pidió cambio de puesto;
del coraje se olvidó
de a quién le tocaba el resto.
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