Calaveritas literarias para Fernando

Fernando, o Fer para la banda, es de los que le sacan la vuelta a la huesuda con pura labia y buen humor. Aquí van calaveritas para leerle en la ofrenda, en la cancha o en la comida del domingo.

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Fernando y su flauta

Fernando toca la flauta en la clase de la tarde; y le sigue bien la pauta al maestro, sin alarde. Se coló una calaquita por debajo de la puerta: -Yo también quiero flautita, con la boca bien abierta. Fer le dio la suya vieja, le enseñó dónde soplar; pero el aire se le queja y no puede ni empezar. Como un hueso no resopla si no tiene ni pulmón, la calaca, a cada copla, le hace coro con el son.

Fer, compañero de vida

Fernando, mi compañero, el del café en la mañana, el que arregla el mundo entero con un beso y una gana. Si la flaca se antojara de llevarte de mi lado, yo le pongo mesa clara y un tequila reposado. Que se siente, que platique, que nos cuente sus andanzas, y que el tiempo se dedique a alargarnos las bonanzas. Cuando al fin se vaya a casa con el alba ya encendida, seguirá la misma brasa calentando nuestra vida.

Fer el cartero

Fernando lleva el correo de la esquina hasta el mercado; va en su moto de trofeo con el sobre bien fajado. Un buen día, un telegrama le llegó de madrugada; y decía: -Fer, te llamo, que ya está tu hora marcada. Fer buscó la dirección por veredas y portales; no encontró ni un callejón ni las señas principales. La Catrina espera el sobre desde entonces en su puerta, y aunque llore y aunque cobre, la entrega no está resuelta.

Fer el mariachi

Fernando canta en la plaza con su traje y su trompeta; cobra poco y no se pasa y se avienta la chancleta. La Catrina lo contrata pa cantar en su velorio: -Trae guitarra y trae sonata, que habrá un enorme jolgorio. Fer llegó con doce sones, su violín y su guitarra; les cantó los corazones hasta el fondo de la jarra. La Catrina se soltó a llorar con un bolero, hasta que el muerto cantó y salió con el sombrero.

Fer y la póliza

Fernando vende seguros con contrato y con confianza; te asegura hasta los muros y el pellejo y la panza. La Catrina fue a firmarle una póliza de muerte: -Yo no vine a preguntarle, sino a cobrarme la suerte. Fer sacó su papelito con la letra bien chiquita: -Aquí dice, por escrito, que se cubre otra visita. Se enredó en el deducible y en la letra del seguro; resultó tan imposible que se le venció el futuro.

Fer el entrenador

Fernando entrena al equipo de la liga de aquel barrio; les enseña, tipo a tipo, a correr como un canario. Se metió la flaca al juego de portera titular; y ella dijo: -Yo no ruego, aquí vengo a levantar. Fernando le dio los guantes y la puso en portería; le anotaron dos gigantes golazos de fantasía. La Catrina se enojó y pidió cambio de puesto; del coraje se olvidó de a quién le tocaba el resto.

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