Calaveritas literarias para Fernanda
Fernanda es de las que llegan tarde pero llegan con todo, y de tanta prisa el mundo entero acabó llamándole Fer. La Catrina lleva rato queriendo alcanzarla, pero entre la clase de baile, la consulta y el celular nunca la halla quieta. Aquí van varias calaveritas para todas las Fernandas y las Fer que iluminan el altar.
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Fer y su mochila
Fernanda llega al salón
con la mochila de estrellas;
guarda dentro su crayón,
su lonchera y sus centellas.
Llegó la flaca a jugar
a la rueda de San Miguel;
Fer la puso a cantar
y a saltar sobre un papel.
La calaca, tan contenta,
se olvidó de su encomienda,
y ahora, en cada tormenta,
juega a que Fer la defienda.
Fernanda, la que acompaña
Fernanda presta el abrigo,
la libreta y el abrazo;
si andas triste, va contigo
y te presta su regazo.
Vino la flaca a buscarla
una tarde con desgano;
Fer no quiso ni asustarla:
le tendió, tranquila, la mano.
Platicaron sin apuro
de la vida y sus enredos,
y la flaca, te lo juro,
se fue contando los dedos.
Fernanda, veterinaria
Fernanda es veterinaria,
cura perros y lechuzas;
su consulta es necesaria
hasta para las medusas.
Llegó la flaca con su perro,
un esqueleto ladrador;
Fer le dijo: -No hay encierro,
sólo le falta más amor.
Le puso al hueso un listón,
al perro le dio croquetas,
y la muerte, de emoción,
le firmó cien recetas.
La arquitecta Fernanda
La arquitecta Fernanda
dibuja planos de más;
si el terreno no se aguanta,
ella lo arregla y ya está.
Llegó la flaca a encargar
un panteón con elevador;
Fer se puso a dibujar
sin cobrarle ni un favor.
Salió la obra tan bonita,
con terraza y con jardín,
que la muerte, muy solita,
ya no quiso irse al fin.
Fer y su celular
Fernanda vive en el celular
entre filtros y canción;
no lo suelta ni al andar
ni al comer en el sillón.
Llegó la flaca a su historia,
pidiendo colaboración;
Fer le hizo una memoria
con música y con edición.
La muerte se volvió viral
con un millón de reacción;
olvidó su oficio fatal
por cuidar su promoción.
Fernanda en la clase de baile
Fernanda baila en la clase
de las siete de la tarde;
mueve todo lo que pase
y no hay hueso que se guarde.
Llegó la flaca a apuntarse,
muy segura de su son;
no aguantó ni levantarse
para el paso del talón.
Se le zafaron costillas,
la rodilla y el tobillo;
hoy la muerte, en dos sillas,
mira a Fer desde el pasillo.
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