Calaveritas literarias para Emilia

Emilia tiene alegría de sobra y la reparte en la pista, en el consultorio, en la olla de tamales y en el puesto de la lotería. La calaca se le acerca más por gusto que por trabajo y siempre se va con las manos ocupadas. Estas calaveritas son para ella.

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Emilia y sus colores

Emilia dibuja flores amarillas, de colores; la calaca se asomó y un dibujo le pidió. Emilia le hizo un retrato con sombrero y con zapato; la pelona, agradecida, le dejó seguir su vida. Se llevó solo el dibujo y lo puso con gran lujo; hoy Emilia es la encargada de pintarle su morada.

Emilia, mi hija

Emilia es mi hija chiquita y en la casa es la bonita; se despierta con la aurora y se ríe a cualquier hora. La Catrina la buscaba y en la reja la esperaba; Emilia salió cantando y la flor le fue entregando. La Catrina se ablandó y la flor se la guardó; hoy la espera en el jardín solo para oler jazmín.

Emilia y su danzón

Emilia baila danzón en la plaza y el salón; llegó la flaca a bailar y a la pista se aventar. Emilia le marcó el paso y la flaca fue un retraso; se enredó con su vestido y de plano se ha caído. Emilia la levantó y de nuevo le enseñó; hoy la flaca es la pareja y del salón no se aleja.

La dentista Emilia

Emilia saca las muelas sin dolor y sin cautelas; vino la flaca a quejarse de un dolor sin explicarse. Emilia le revisó y ni una muela le halló; no tenía ni un colmillo ni un pedazo de cepillo. Le puso dientes postizos y también un par de rizos; hoy la flaca ya sonríe y con todos ya se ríe.

Emilia y sus tamales

Emilia vende tamales verdes, rojos y especiales; vino la flaca al vapor arrastrada por su olor. Se comió como cincuenta sin pensar nunca en la cuenta; Emilia le dijo: -Paga, que aquí nadie se hace vaga. La flaca sacó un tostón que juntaba en el panteón; y le tuvo que deber y hoy trabaja pa' comer.

Emilia y sus cachitos

Emilia vende cachitos de la suerte y boletitos; la pelona fue a jugar un cachito, por probar. Se sacó el premio mayor y gritaba con fervor; pero al ir a reclamarlo no supo ni presentarlo. No traía la identidad ni un papel de la ciudad; hoy la flaca sigue en fila con su premio, y muy tranquila.

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