Calaveritas literarias para Esmeralda
Esmeralda brilla sin proponérselo, y hasta la Catrina se distrae mirándola. Estos versos van para la ofrenda, para la escuela o para la parranda con los amigos.
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Esmeralda y el lonche de la abuela
Esmeralda va a la escuela
con su suéter de botón;
le empacó el lonche la abuela
y le dio su bendición.
En la puerta del salón
la esperaba una calaca,
con su gorro de algodón
y una risa medio opaca.
Esme le prestó su banco,
su cuaderno y su galleta;
le pintó en el papel blanco
una estrella de cometa.
La calaca, tan contenta,
se guardó bien su estrellita;
ya no supo ni la cuenta
ni a quién iba en esa lista.
Esme, la que ilumina
Esme llega y se compone
todo el cuarto y la mañana;
lo que estaba mal lo pone
como quiere y le da gana.
Fue la flaca a preguntar
por Esmeralda, en la esquina;
nadie le quiso indicar
ni el zaguán ni la cortina.
Se metió por la ventana
y la halló en plena faena,
repartiendo la mañana
y quitando alguna pena.
La huesuda se quedó
sin tocar ni la campana;
tanto bien le conmovió
que se fue por la ventana.
Esme la joyera
Esme pule los anillos,
las cadenas y los brillos;
monta perlas y diamantes
y hasta arregla los tirantes.
La Catrina le llevó
un collar que se rompió;
regó perlas por el suelo
y la traza de un desvelo.
Esme le juntó las cuentas,
las ensartó bien contentas;
le puso broche de plata
y un dijecito de lata.
Quedó el collar tan bonito
que la muerte dio un gritito;
se olvidó de su encomienda
por lucirlo en cada tienda.
Esme la de la tienda
Esme atiende la tiendita
desde el alba hasta la noche;
fía el pan y la harinita
y no cobra ni el derroche.
Llegó la flaca, impaciente,
por un kilo de tortilla,
un refresco bien caliente
y una velita amarilla.
Esme le surtió el mandado,
y se lo echó en la bolsita;
le anotó bien todo el fiado
en la libreta chiquita.
La huesuda prometió
regresar el fin de mes;
pero nunca regresó,
y ahí sigue su interés.
Esme la taxista
Esme maneja su carro
por la calle y por el barro;
se conoce cada calle,
cada tope y cada valle.
Le paró una calavera
en la esquina, muy ligera:
-Lléveme hasta el panteón,
que me corre la ocasión.
Esme dio la vuelta entera
por el centro y la ladera;
puso el radio en la estación
y cantaron un montón.
Al llegar al camposanto
la huesuda pagó el tanto;
y de tanto que se rió
a su muerto lo olvidó.
Esmeralda la pintora
Esmeralda pinta muros
con sus brochas y pintores;
donde hubo ladrillos duros
hoy se asoman mil colores.
La Catrina le pidió
un retrato sin engaño:
-Que se note que soy yo
y que dure todo el año.
Esme la pintó de reina,
con su vestido de encaje,
la sombrilla y la melena
y un jardín como paisaje.
Le gustó tanto el retrato
que se quedó a contemplarlo;
y al difunto de aquel rato
se le olvidó de llevarlo.
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