Calaveritas literarias para Esteban

Esteban se aparece en el patio de la escuela, en la fragua, en la plaza y detrás del mostrador, y en todos lados la flaca le sale al paso. Nunca se lo lleva: acaba barriendo, cargando fierros o pagando lo que debe. Aquí quedan los versos para dedicárselos.

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Esteban y su balero

Esteban juega al balero desde marzo hasta febrero; la calaca lo miró y a jugar se le metió. -A ver, préstame el juguete, que yo soy la que lo mete. Tiró diez y falló diez y en la frente se dio tres. Se le abolló el cascarón y perdió hasta su razón; hoy Esteban ya la entrena y la flaca ya se estrena.

Esteban, mi maestro

Esteban es mi maestro y me enseña a dividir; todo el año está dispuesto y nos hace hasta reír. Llegó la flaca al salón con su lista de asistencia; Esteban, con su razón, le pidió tener paciencia. -Faltan tres para el recreo y hay dictado que acabar. La Catrina, sin deseo, se sentó para copiar. Se acabó todo el dictado y la flaca sacó diez; hoy la ves, con su recado, y no falta ni una vez.

Esteban, el herrero

Esteban suelda y machaca rejas, puertas y barandas; se le apareció la flaca con dos fierros y unas mandas. -Suéldeme bien la quijada, que se me anda desprendiendo. Esteban, sin decir nada, la fue luego componiendo. Le puso tornillo y tuerca donde el hueso ya no estaba; la calaca, que anda cerca, de contenta rechinaba. Le salió muy cara la obra y quedó a deber el fierro; hoy le sopla y no le cobra y le barre hasta el encierro.

Esteban, el barrendero

Esteban barre la plaza antes de que salga el sol; la Catrina, que ahí pasa, le tiró hasta el caracol. -No me tire la basura, que ya voy medio cansado. La calaca, muy segura, le dejó todo tirado. Esteban le dio la escoba y le dijo con humor: -Barra usted, sin hacer coba, que el aseo da sudor. Se cansó a los cinco pasos y soltó hasta la osamenta; hoy recoge los pedazos y Esteban le da su cuenta.

Esteban y su tienda

Esteban tiene una tienda de abarrotes y refrescos; la flaca pidió merienda y dos panes de los frescos. -Me lo apunta en la libreta, que le pago luego, al rato. Esteban sacó la treta de cobrarle por contrato. Ya llevaba cuatro meses de puro fiado y pilón; Esteban, con sus reveses, le cerró bien el cajón. La huesuda, arrepentida, se ofreció para cobrar; hoy despacha la comida y a nadie le quiere fiar.

Esteban, el plomero

Esteban destapa el caño con su chupón y su llave; y la flaca, todo el año, lo llamaba por lo grave. -Se tapó mi lavadero con raíces y con lodo. Esteban llegó primero y lo destapó de un modo. Salieron huesos y trapos y una flor ya marchitada; la Catrina, entre los sapos, se quedó bien asustada. Le cobró la destapada más la vuelta y lo que cuenta; la huesuda, resignada, hoy le carga la herramienta.

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