Calaveritas literarias para Elizabeth

Elizabeth también es Eli, y con cualquiera de los dos nombres se le nota el carácter. La huesuda la ha buscado en la oficina, en la ventanilla, en el lavadero y en el puesto del mercado, y siempre sale trasquilada. Estas calaveritas son para ella.

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Elizabeth y su torta

Elizabeth va a la escuela con la torta de su abuela; la calaca la esperaba en la puerta, y la miraba. Eli le ofreció un pedazo de su torta y un abrazo; la pelona se apenó y el bocado le aceptó. Desde entonces son amigas y se cuentan sus fatigas; ya no viene a hacer maldades sino a repartir bondades.

Elizabeth, mi maestra

Elizabeth es la maestra más querida, la más nuestra; nos enseña con paciencia y perdona la impaciencia. Llegó la flaca al salón con su gis y su borrón; Eli la mandó al lugar y la puso a repasar. La calaca no aprendía y de tarea escribía; hoy se queda en el recreo repitiendo el deletreo.

Eli en la oficina

Eli manda en la oficina con su sello y su bocina; vino la flaca a pedir una cita pa' subir. Eli le pidió su oficio con su firma, sello y juicio; la calaca se enredó y el papel no completó. La mandó a la ventanilla y a formarse en la otra silla; van tres años esperando y el turno no va avanzando.

Eli y sus billetes

Eli cuenta los billetes y los junta en dos paquetes; llegó la flaca a cambiar unos huesos, sin firmar. Eli le pidió su clave y también su nombre y llave; la pelona no sabía ni la fecha ni qué día. Le bloquearon hasta el hueso y se fue sin un progreso; hoy la flaca abrió su cuenta y ahorra sin darse cuenta.

Elizabeth y su jabón

Elizabeth lava ropa y la tiende como tropa; llegó la flaca a lavar su mortaja, a remojar. Eli la metió al jabón con el cloro del montón; la mortaja se encogió y de negro destiñó. Le quedó de camisita, toda rosa y muy bonita; hoy la muerte anda de rosa y hasta pasa por hermosa.

Eli en el mercado

Eli vende en el mercado chile, fruta y buen recado; la calaca fue a comprar y se puso a regatear. Eli le bajó dos pesos pero le pidió sus huesos; la calaca se rajó y el mandado le dejó. Se llevó puro tomate y un manojo de aguacate; hoy la flaca es marchantita y pregona, muy bonita.

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