Calaveritas literarias para Elías
Elías es de esos nombres que suenan bien en verso y mejor cuando la flaca anda cerca. Aquí se le ve en la cancha, en la panadería, al volante y hasta con el cable en la mano, y en todas la huesuda sale perdiendo. Escoge la que le quede y déjasela en el altar.
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Elías y su balón
Elías juega futbol
desde que despunta el sol;
llegó la flaca al partido
de portera y de vestido.
-Elías, tira el penal,
que este es el juego final;
si le atino, gano yo,
y si fallo, se acabó.
Elías corrió y tiró
y la flaca lo paró;
pero al ir por el balón
se cayó en el camellón.
Elías, mi abuelo
Mi abuelo se llama Elías
y me cuenta sus historias;
me habla de los viejos días
y de todas sus victorias.
Llegó la flaca al portón
muy formal y muy derecha;
mi abuelo, sin discusión,
le enseñó su acta y su fecha.
-Aquí dice que me toca
irme para el otro año.
Se le abrió de más la boca
y se fue sin hacer daño.
Mi abuelo sigue en su silla
contándonos del pasado;
y la flaca, muy sencilla,
lo oye todo y se ha quedado.
Elías, el panadero
Elías saca del horno
conchas, cuernos y ladrillos;
y la flaca, en el contorno,
se robaba los bolillos.
Elías la sorprendió
con la bolsa bien repleta;
-No se enoje, le explicó,
traigo hambre y ni una galleta.
Elías le dio charola
y pinzas para escoger;
la huesuda hizo una cola
de charolas por comer.
Ya en la caja, sin dinero,
se ofreció para el trabajo;
hoy amasa el pan primero
y se lleva su destajo.
Elías, el chofer
Elías lleva el camión
de la ruta veintitrés;
se subió sin su tostón
la Catrina, del revés.
-Aquí no hay viaje de gorra,
le gritó desde el volante;
si no paga, se me ahorra
la parada de adelante.
En la bolsa solo había
puros huesos y un costal;
Elías se sonreía:
-Súbase y pague al final.
Se pasó todo el camino
sin bajarse en su parada;
hoy le cobra al que es vecino
y se queda con la entrada.
Elías y los animales
Elías cura animales,
perros, gatos y cotorros;
llegó la flaca con males
y con tres de sus cachorros.
-Mi perrito no respira
ya desde el siglo pasado.
Elías apenas mira:
-Ese ya viene curado.
Le inyectó sus vitaminas
y le dio croqueta seca;
el perrito, entre las ruinas,
meneaba su cola hueca.
La flaca pagó consulta
con dos huesos y un pastel;
hoy el perro se le oculta
y prefiere estar con él.
Elías, el electricista
Elías arregla focos
y también el cableado;
llegó la flaca, a los pocos,
con su cable bien pelado.
-Se me fue la luz completa
en mi casa del rincón.
Elías tomó maleta
y se fue a la instalación.
Encontró el problema luego:
la calaca no pagaba;
le explicó, sin ningún juego,
que la luz no se robaba.
Le instaló su medidor
y le puso un buen foquito;
hoy alumbra con primor
y hasta baila su ratito.
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