Calaveritas literarias para Elías

Elías es de esos nombres que suenan bien en verso y mejor cuando la flaca anda cerca. Aquí se le ve en la cancha, en la panadería, al volante y hasta con el cable en la mano, y en todas la huesuda sale perdiendo. Escoge la que le quede y déjasela en el altar.

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Elías y su balón

Elías juega futbol desde que despunta el sol; llegó la flaca al partido de portera y de vestido. -Elías, tira el penal, que este es el juego final; si le atino, gano yo, y si fallo, se acabó. Elías corrió y tiró y la flaca lo paró; pero al ir por el balón se cayó en el camellón.

Elías, mi abuelo

Mi abuelo se llama Elías y me cuenta sus historias; me habla de los viejos días y de todas sus victorias. Llegó la flaca al portón muy formal y muy derecha; mi abuelo, sin discusión, le enseñó su acta y su fecha. -Aquí dice que me toca irme para el otro año. Se le abrió de más la boca y se fue sin hacer daño. Mi abuelo sigue en su silla contándonos del pasado; y la flaca, muy sencilla, lo oye todo y se ha quedado.

Elías, el panadero

Elías saca del horno conchas, cuernos y ladrillos; y la flaca, en el contorno, se robaba los bolillos. Elías la sorprendió con la bolsa bien repleta; -No se enoje, le explicó, traigo hambre y ni una galleta. Elías le dio charola y pinzas para escoger; la huesuda hizo una cola de charolas por comer. Ya en la caja, sin dinero, se ofreció para el trabajo; hoy amasa el pan primero y se lleva su destajo.

Elías, el chofer

Elías lleva el camión de la ruta veintitrés; se subió sin su tostón la Catrina, del revés. -Aquí no hay viaje de gorra, le gritó desde el volante; si no paga, se me ahorra la parada de adelante. En la bolsa solo había puros huesos y un costal; Elías se sonreía: -Súbase y pague al final. Se pasó todo el camino sin bajarse en su parada; hoy le cobra al que es vecino y se queda con la entrada.

Elías y los animales

Elías cura animales, perros, gatos y cotorros; llegó la flaca con males y con tres de sus cachorros. -Mi perrito no respira ya desde el siglo pasado. Elías apenas mira: -Ese ya viene curado. Le inyectó sus vitaminas y le dio croqueta seca; el perrito, entre las ruinas, meneaba su cola hueca. La flaca pagó consulta con dos huesos y un pastel; hoy el perro se le oculta y prefiere estar con él.

Elías, el electricista

Elías arregla focos y también el cableado; llegó la flaca, a los pocos, con su cable bien pelado. -Se me fue la luz completa en mi casa del rincón. Elías tomó maleta y se fue a la instalación. Encontró el problema luego: la calaca no pagaba; le explicó, sin ningún juego, que la luz no se robaba. Le instaló su medidor y le puso un buen foquito; hoy alumbra con primor y hasta baila su ratito.

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