Calaveritas literarias para Eduardo
A Eduardo, o Lalo para los cuates, la huesuda le trae ganas desde hace rato, pero siempre se le escapa por un costadito. Aquí van versos para dedicarle en el salón de clases, en la fiesta del barrio o en el altar de la casa.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
Eduardo y su lonchera
Eduardo llega a la escuela
con su lonchera de flores,
y en la clase de acuarela
pinta muertos de colores.
Se le apareció la flaca
justo a la hora del recreo,
bien columpiada en la hamaca:
-Lalo, desde aquí te veo.
Le prestó sus colorines
y pintaron calaveras,
caracoles y delfines,
papalotes y banderas.
Ya sonó la campanita
y la flaca se marchó,
pero deja una notita:
-Cuando crezcas, vuelvo yo.
Para mi Lalo querido
Lalo, mi compadre fiel,
el del abrazo sincero,
el que endulza como miel
la tarde de un mal enero.
Si viniera la Catrina
a buscarte en la mañana,
le daré de mi cantina
y un tamal de la ventana.
Porque a ti, Lalo del alma,
te quiero por muchos años:
con tu risa y con tu calma
se me quitan los engaños.
Si algún día te adelantas
y la flaca gana el juego,
guárdame de esas que cantas
una para cantar luego.
Lalo el taquero
Lalo pone su taquiza
en la esquina del mercado;
con su cuchillo que atiza
deja el pastor bien picado.
La huesuda se formó
con hambre de mil difuntos:
-Sírveme lo que sobró
y nos vamos los dos juntos.
Lalo le sirvió de todo:
cebolla, salsa y limón;
la flaca comió a su modo
y pidió un nuevo montón.
Tanto taco se comió
que olvidó a lo que venía,
y en la esquina se quedó
de clienta hasta el otro día.
Lalo el mecánico
Lalo destapa motores
con aceite hasta los codos;
cura tos y sinsabores
de los carros y de todos.
Llegó la flaca en carcacha
echando humo por la cola:
-Traigo una pésima racha
y me quedé aquí bien sola.
Le cambió Lalo balatas,
bujías y radiador,
le lavó las cuatro patas
y afinó bien el motor.
Quedó el carro tan bonito
que la flaca lo estrenó,
y se fue de paseíto
y hasta el nombre se olvidó.
Lalo el de la tocada
Lalo pone la tocada
en las bodas y quince años;
lleva bocina cargada
con cumbias de muchos años.
La Catrina se coló
sin invitación ni nada,
y en la pista se soltó
con la falda arremangada.
Lalo le puso un danzón
y después la quebradita,
cumbia, salsa y reggaetón
hasta romper la banquita.
Se cansó tanto la flaca
de brincar como resorte,
que se le zafó una placa
y olvidó su pasaporte.
Lalo el contador
Lalo cuenta los centavos
con lupa y calculadora;
no se le van ni los clavos
ni un peso de la señora.
Llegó la flaca a cobrarle
una deuda del pasado:
-Ya no puedo perdonarle,
vengo con el plazo dado.
Lalo sacó su libreta
y aplicó la deducción;
le encontró, con su receta,
hasta una devolución.
La Catrina, agradecida,
le devolvió su expediente,
y le dio más de una vida
por contador diligente.
💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora
más calaveritas literarias.