Calaveritas literarias para Dulce

A Dulce el nombre le queda corto para todo lo que reparte, y la huesuda ya lo tiene comprobado. Estos versos sirven para la ofrenda, para el salón o para la fiesta del barrio.

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Dulce y su lonche

Dulce llega a su salón con su lonche preparado: su galleta y su limón, y un juguito bien helado. Una flaca sin comida la miraba de reojo, con la bolsa muy vacía y en la cara mucho enojo. Dulce le prestó su asiento, le partió la mandarina; le dio jugo y buen momento de su risa cristalina. La flaquita se llenó de galleta y de cariño; su encomienda se perdió en el patio, con el niño.

Dulce como su nombre

Dulce tiene el nombre exacto: todo lo arregla con tacto; no hay coraje que le dure ni tristeza que no cure. Vino la flaca a llevarla sin siquiera saludarla; se plantó junto a la puerta con la lista descubierta. Dulce le ofreció su silla, un café con su tortilla; le contó de sus hermanos, de los viejos y los sanos. La huesuda, conmovida, no encontró ni la salida; se guardó su papelito y pidió otro cafecito.

Dulce la dulcera

Dulce vende jamoncillo, alegrías, palanquetas; tamarindo con chilillo y cocadas y galletas. La Catrina se antojó de un dulce bien enchilado; lo probó, se atragantó y escupió medio bocado. Dulce le sirvió agua fresca, mazapán y una cocada; con el aire que refresca la dejó ya bien calmada. La Catrina agradeció con un beso chiquitito; la lista se le cayó y compró otro dulcecito.

Dulce la barista

Dulce muele su café con la calma y con la fe; dibujando un corazón te alegra hasta el callejón. Llegó la flaca ojerosa, con la voz medio rasposa: -Deme el más cargado, y ya, que me duermo por acá. Dulce le sirvió su doble, le echó leche y lo más noble; le dibujó hasta una flor y un huesito alrededor. La huesuda despertó, tanto que ya no durmió; lleva siglos desvelada y a la lista no ve nada.

Dulce la del banco

Dulce cuenta los billetes en la caja tres del banco; los acomoda en paquetes sin dejar ni un hueco en blanco. La Catrina se formó con un cheque amarillento: -Esto me lo regaló un difunto muy contento. Dulce revisó la fecha, la firma y el titular; le olió luego la sospecha y no le halló qué sacar. -El cheque está rebotado y la cuenta ya está en ceros. La Catrina, sin recado, hoy limpia los ceniceros.

Dulce y el sonidero

Dulce pone el sonidero en la plaza, muy ligero; sube el volumen a mil y hasta baila el alguacil. Se metió la calaquita a bailar cumbia bonita; traía huesos de repuesto y un sombrero muy bien puesto. Dulce le puso una salsa que hasta a un muerto lo realza; la huesuda dio mil vueltas y quedó con patas sueltas. Se le fue un fémur volando y una tibia rebotando; Dulce se los amarró y la fiesta no acabó.

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