Calaveritas literarias para Diana

Diana no se deja: pone orden en la calle, en el restaurante, en el juzgado y hasta en la clínica de animales. La calaca ya intentó pasarse de lista con ella y siempre acaba multada. Estas calaveritas son para dedicárselas en noviembre.

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Diana y la campana

Diana llega a la mañana cuando suena la campana; se coló la calaquita y se sentó en la banquita. Le pidió su sacapuntas y también le hizo preguntas; Diana le enseñó a escribir y a las letras a seguir. La calaca hizo su plana y volvió a la otra semana; ya no viene por los niños: viene a darles sus cariños.

Diana, mi hermana

Diana, mi querida hermana, me despierta en la mañana; me prepara mi lonchera y me trenza a su manera. Llegó la flaca a la puerta y encontró la casa abierta; Diana la sentó a la mesa con tamal y con sorpresa. La flaca contó su pena y se fue con panza llena; no se acordó del recado y hoy le habla del otro lado.

Diana en la avenida

Diana cuida la avenida con su gorra bien ceñida; pasó la flaca en su carro sin placas, en un cacharro. Diana la mandó parar y la puso a declarar; no traía ni licencia ni siquiera una vigencia. Le levantó una infracción y su carro al corralón; hoy la flaca sale a pie y no llega, ya se ve.

Diana y sus mesas

Diana atiende quince mesas y con todas sus sorpresas; llegó la flaca a comer y sin nada que ofrecer. Pidió sopa y pidió arroz, y hasta postre, en alta voz; Diana le llevó la cuenta y la flaca se hizo lenta. Se escondió en la servilleta y salió por la banqueta; Diana la agarró corriendo y hoy la tiene ahí sirviendo.

La abogada Diana

Diana pelea en el juzgado y hasta el pleito más pesado; la calaca la demanda por un alma de su banda. Diana revisó el papel y le halló el detalle aquel: la demanda iba vencida desde hace una larga vida. El juez le dijo: -Ni modo, aquí Diana ganó todo. Hoy la flaca paga el daño en abonos, todo el año.

Diana y los animales

Diana cura animalitos, desde perros hasta gatitos; llegó la flaca a curar a su perro sin ladrar. Diana lo revisó entero y lo trató con esmero; le encontró una pata rota y le puso hasta una bota. El perrito se curó y a la flaca la mordió; hoy la muerte anda vendada y del perro anda espantada.

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