Calaveritas literarias para Diana
Diana no se deja: pone orden en la calle, en el restaurante, en el juzgado y hasta en la clínica de animales. La calaca ya intentó pasarse de lista con ella y siempre acaba multada. Estas calaveritas son para dedicárselas en noviembre.
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Diana y la campana
Diana llega a la mañana
cuando suena la campana;
se coló la calaquita
y se sentó en la banquita.
Le pidió su sacapuntas
y también le hizo preguntas;
Diana le enseñó a escribir
y a las letras a seguir.
La calaca hizo su plana
y volvió a la otra semana;
ya no viene por los niños:
viene a darles sus cariños.
Diana, mi hermana
Diana, mi querida hermana,
me despierta en la mañana;
me prepara mi lonchera
y me trenza a su manera.
Llegó la flaca a la puerta
y encontró la casa abierta;
Diana la sentó a la mesa
con tamal y con sorpresa.
La flaca contó su pena
y se fue con panza llena;
no se acordó del recado
y hoy le habla del otro lado.
Diana en la avenida
Diana cuida la avenida
con su gorra bien ceñida;
pasó la flaca en su carro
sin placas, en un cacharro.
Diana la mandó parar
y la puso a declarar;
no traía ni licencia
ni siquiera una vigencia.
Le levantó una infracción
y su carro al corralón;
hoy la flaca sale a pie
y no llega, ya se ve.
Diana y sus mesas
Diana atiende quince mesas
y con todas sus sorpresas;
llegó la flaca a comer
y sin nada que ofrecer.
Pidió sopa y pidió arroz,
y hasta postre, en alta voz;
Diana le llevó la cuenta
y la flaca se hizo lenta.
Se escondió en la servilleta
y salió por la banqueta;
Diana la agarró corriendo
y hoy la tiene ahí sirviendo.
La abogada Diana
Diana pelea en el juzgado
y hasta el pleito más pesado;
la calaca la demanda
por un alma de su banda.
Diana revisó el papel
y le halló el detalle aquel:
la demanda iba vencida
desde hace una larga vida.
El juez le dijo: -Ni modo,
aquí Diana ganó todo.
Hoy la flaca paga el daño
en abonos, todo el año.
Diana y los animales
Diana cura animalitos,
desde perros hasta gatitos;
llegó la flaca a curar
a su perro sin ladrar.
Diana lo revisó entero
y lo trató con esmero;
le encontró una pata rota
y le puso hasta una bota.
El perrito se curó
y a la flaca la mordió;
hoy la muerte anda vendada
y del perro anda espantada.
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