Calaveritas literarias para Daniel
A los Danieles la flaca les tiene ganas desde hace rato, pero siempre se le escapan por alguna rendija. Estas calaveritas los acompañan en la escuela, en el cariño de casa, en el consultorio dental, en la panadería, frente a la computadora y hasta entre las llamas. Son ideales para dedicar en el altar, en el salón de clases o en la reunión familiar.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Daniel y su cuaderno
Daniel lleva su cuaderno
lleno de dinosaurios;
dibuja en pleno invierno
mil planetas y acuarios.
La calaca se asomó
al dibujo del papel:
-¡Ese hueso es mío! -gritó-,
¡préstame el color aquel!
Daniel le prestó el color
y pintaron un dragón,
un cohete volador
y un enorme corazón.
Cuando el timbre por fin sonó
la calaca se despidió,
y en la hoja que pintó
un huesito le dejó.
Daniel, mi niño querido
Daniel, mi niño querido,
carita de amanecer,
en un parpadeo has crecido
y no lo alcancé a ver.
Si algún día la Catrina
se acercara a tu portal,
le daré pan y gallina
y café de mi comal.
Porque a ti, mi buen Daniel,
te quiero cien años más:
para verte hacerte fiel
a los sueños que te das.
Y cuando llegue mi hora
y me toque a mí partir,
guárdame en cada aurora
un motivo de reír.
El dentista Daniel
Daniel arregla colmillos
con paciencia y con primor;
deja dientes tan sencillos
que dan gusto y no dolor.
La Catrina fue a su cita
con la boca destrozada:
-Traigo la encía marchita
y la muela desgastada.
Daniel le puso corona
y le pulió cada hueso;
la Catrina, juguetona,
le pagó con un buen beso.
Ahora sonríe la flaca
por todito el panteón,
y a Daniel no se lo achaca
ni un dolor ni un jalón.
Daniel el panadero
Daniel amasa de noche
conchas, bolillos y cuernos;
no hay hambre que le reproche
ni antojos sempiternos.
Vino la muerte a la una
por el pan recién salido:
-Vengo por ti y la fortuna
de tu horno consentido.
Daniel le sacó del horno
un pan de muerto gigante,
y la flaca, sin retorno,
se lo comió en un instante.
Se llenó tanto la panza
que ya no pudo cargar,
y dejó, con su tardanza,
a Daniel para amasar.
Daniel y su código
Daniel escribe su código
de la noche a la mañana;
tiene un bug que es incómodo
y una junta muy temprana.
La muerte mandó un correo:
-Ya venció tu suscripción.
Daniel dijo: -No lo creo,
ha de ser una excepción.
Le echó la culpa al servidor,
reinició hasta la impresora,
y le dijo, sin temor:
-Vuelva usted en otra hora.
La Catrina, en modo espera,
sigue viendo la rueda azul,
y ya lleva un siglo entero
atorada en el baúl.
Daniel el bombero
Daniel llega a los incendios
con su casco y su manguera,
y reparte mil remedios
al que sufre y desespera.
La Catrina lo esperaba
en el fuego del mercado,
y su lista repasaba
con el nombre ya apuntado.
Pero Daniel la salvó
del humo y de las cenizas,
y la flaca se quedó
sin palabras y sin prisas.
Desde entonces lo acompaña
como su fiel ayudante:
carga el agua, no lo daña,
y le abre paso adelante.
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