Calaveritas literarias para Cristina
Cristina también atiende por Cris, y donde pone la mano queda todo en orden. La Catrina ya la buscó en la fila, en la cocina, en el salón y en el consultorio, y siempre acabó formada esperando turno. Aquí van calaveritas para regalarle.
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Cristina en la fila
Cristina forma la fila
muy derecha y muy tranquila;
llegó la flaca al lugar
y se quiso adelantar.
Cristina le dijo: -No,
aquí nadie se coló.
La huesuda, colorada,
se formó y no dijo nada.
Llegó al último lugar
ya cuando iban a cerrar;
se quedó sin desayuno
y no se llevó a ninguno.
Cristina, mi madrina
Doña Cristina es madrina
y también es mi vecina;
me hace atole en la mañana
y me presta su ventana.
Vino a verla la Catrina
de vestido y crinolina;
Cris la puso a merendar
y a la mesa a platicar.
La Catrina se quedó
y el rosario le rezó;
hoy la flaca es de la casa
y le ayuda con la masa.
Cristina y su cocina
Cris cocina la gallina
con romero y con harina;
olió el guiso la pelona
y se sentó muy tragona.
Se comió el caldo completo,
hasta el último esqueleto;
Cris le dijo: -Ora la loza,
que aquí nadie se reposa.
La huesuda se lavó
y hasta el piso le trapeó;
hoy trabaja de ayudanta
y hasta el mandado le aguanta.
Cris la estilista
Cris trabaja en el salón
con tijeras y algodón;
llegó la flaca a pintarse
y de rubia retocarse.
Cris le dijo: -No hay cabello,
solo el hueso y ese cuello.
La calaca se enojó
y a la fuerza se peinó.
Cris le puso una peluca
que le tapa hasta la nuca;
y hoy la flaca, presumida,
ya no busca su comida.
La doctora Cristina
Cristina, doctora fina,
receta la medicina;
llegó la flaca a consulta
por un mal que se le oculta.
Le mandó radiografía
y salió la placa fría;
no le hallaron ni un pulmón,
ni riñón ni corazón.
Y Cristina la dio de alta,
dijo: -Nada aquí le falta.
Hoy la flaca va a control
cada mes y toma sol.
Cristina y sus flores
Cristina vende sus flores
amarillas y bicolores;
vino la flaca a comprar
cempasúchil pa' su altar.
Se llevó todo el manojo
y se fue con puro antojo;
Cris salió tras la ladrona
con la escoba, muy matona.
Y la alcanzó en una esquina
y le cobró la propina;
hoy la flaca vende rosas
y se olvida de otras cosas.
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