Calaveritas literarias para Cristian

Cristian anda siempre con las manos ocupadas: la red, la fragua, la moto y la cámara. La huesuda lo persigue por todos esos oficios y en cada uno se lleva una sorpresa. Aquí van sus calaveritas para compartir.

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Cristian y su lonche

Cristian llega con su pan y sus amigos ya van; se sentó la calaquita a pedirle mordidita. Cristian le partió el bolillo y le dio del más sencillo; la calaca se comió todo el lonche y le sobró. Le quedó la panza llena y la siesta fue muy buena; se durmió sobre el mantel y olvidó su papel.

Cristian, mi papá

Trabajando anda Cristian desde que sale el afán; llega tarde a la comida pero llega con la vida. Vino la flaca al portón a llevárselo al panteón; pero Cristian, muy sereno, le sirvió un caldito bueno. La pelona se quedó y hasta el plato rebañó; le agarró cariño al viejo y le pide hasta consejo.

Cristian el pescador

Cristian pesca de mañana con su red y con su gana; cayó la flaca en la red pataleando, y con sed. Cristian la midió a lo largo y la echó al mar sin embargo; no llegaba ni al tamaño y la echó, con desengaño. La flaca salió mojada y con alga en la quijada; hoy la muerte teme al mar y no vuelve a navegar.

Cristian el herrero

Cristian dobla el puro fierro en la fragua del encierro; vino la flaca al taller y lo puso a componer. Su guadaña estaba rota, más chueca que una pelota; Cristian la dejó brillante y le cobró por adelante. La flaca no tuvo cambio y le dio un raro intercambio: le dejó su guadañita y hoy trabaja con varita.

Cristian y su moto

Cristian reparte en su moto con el casco medio roto; la calaca hizo un pedido de tres pizzas y un batido. Cristian llegó en diez minutos con los tiempos absolutos; pero la flaca no abrió y el timbre no funcionó. Cristian se comió el pedido y cobró lo prometido; hoy la flaca sale a abrir y hasta baja a recibir.

Cristian el fotógrafo

Cristian saca las fotitos de bautizos y angelitos; vino la flaca a posar y a sus huesos retratar. Le puso luz y sombrilla y la sentó en una silla; mas al ver el resultado no salió: quedó velado. La calaca se quejó y otra vez se retrató; pero el hueso no da sombra y la cámara se asombra.

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