Calaveritas literarias para Claudia
Claudia contesta a Clau sin voltear siquiera, y a la huesuda le pasa lo mismo: acaba llamándola de cariño. La flaca la ha buscado en el consultorio, en el juzgado, en la cocina y hasta en la fonda, y siempre sale con receta, con demanda o con la panza llena. Aquí van calaveritas para las Claudias que no se dejan mandar.
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Clau y sus cuentos
Clau se sabe muchos cuentos
de dragones y de flores;
los platica en los momentos
en que salen los temores.
Se sentó la calaquita
a escuchar el de la rana;
Clau le contó una historita
y otras cuatro en la mañana.
Hoy la muerte va a la escuela
y se acomoda contenta;
Clau le presta su acuarela
y la muerte ya no cuenta.
Claudia, mi hermana
Mi hermana Claudia es mayor
y me cuida desde niña;
me presta todo su amor
y el bolillo cuando hay riña.
Llegó la flaca a llevarla
un domingo de mañana;
y yo corrí a abrazarla
y le grité: -Es mi hermana.
La huesuda se detuvo
y nos miró un largo rato;
guardó la lista que tuvo
y se fue con el retrato.
La doctora Claudia
La doctora Claudia cura
gripa, tos y mal de amores;
te receta con dulzura
y te quita los temores.
Llegó la flaca tosiendo
con el húmero resfriado;
Claudia la siguió atendiendo
y lo dejó bien curado.
Le mandó guardar la cama
y tomar té de canela;
y hoy la flaca, cuando llama,
nomás pide otra cazuela.
Claudia ante el juez
Claudia es muy buena abogada,
se defiende con razón;
no se queda ella callada
ni con juez ni con patrón.
La flaca vino a alegar
que el plazo estaba vencido;
Claudia se puso a citar
cada artículo aprendido.
Al final ganó el amparo
con las firmas del juzgado;
y la flaca, dicho en claro,
se marchó sin el finado.
Clau y sus pasteles
Clau prepara los pasteles
con la mano de un artista;
se ha ganado mil laureles
con su nombre en cada lista.
Pidió la flaca un pastel
para su fiesta de muertos;
Clau lo hizo con buena miel
y tres pisos bien cubiertos.
Probó la muerte un pedazo
y no se pudo aguantar;
se acabó el pastel de un brazo
y se olvidó de llevar.
Clau en la fonda
Clau atiende allá en la fonda
con la charola en la mano;
no hay quien no le corresponda
y te sirve muy temprano.
Llegó la flaca con prisa
pidiendo el menú del día;
Clau le dio, con una risa,
todo lo que ella tenía.
Comió sopa, arroz y guiso
y una gelatina entera;
y dejó, de mal aviso,
un huesito a la mesera.
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