Calaveritas literarias para Claudia

Claudia contesta a Clau sin voltear siquiera, y a la huesuda le pasa lo mismo: acaba llamándola de cariño. La flaca la ha buscado en el consultorio, en el juzgado, en la cocina y hasta en la fonda, y siempre sale con receta, con demanda o con la panza llena. Aquí van calaveritas para las Claudias que no se dejan mandar.

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Clau y sus cuentos

Clau se sabe muchos cuentos de dragones y de flores; los platica en los momentos en que salen los temores. Se sentó la calaquita a escuchar el de la rana; Clau le contó una historita y otras cuatro en la mañana. Hoy la muerte va a la escuela y se acomoda contenta; Clau le presta su acuarela y la muerte ya no cuenta.

Claudia, mi hermana

Mi hermana Claudia es mayor y me cuida desde niña; me presta todo su amor y el bolillo cuando hay riña. Llegó la flaca a llevarla un domingo de mañana; y yo corrí a abrazarla y le grité: -Es mi hermana. La huesuda se detuvo y nos miró un largo rato; guardó la lista que tuvo y se fue con el retrato.

La doctora Claudia

La doctora Claudia cura gripa, tos y mal de amores; te receta con dulzura y te quita los temores. Llegó la flaca tosiendo con el húmero resfriado; Claudia la siguió atendiendo y lo dejó bien curado. Le mandó guardar la cama y tomar té de canela; y hoy la flaca, cuando llama, nomás pide otra cazuela.

Claudia ante el juez

Claudia es muy buena abogada, se defiende con razón; no se queda ella callada ni con juez ni con patrón. La flaca vino a alegar que el plazo estaba vencido; Claudia se puso a citar cada artículo aprendido. Al final ganó el amparo con las firmas del juzgado; y la flaca, dicho en claro, se marchó sin el finado.

Clau y sus pasteles

Clau prepara los pasteles con la mano de un artista; se ha ganado mil laureles con su nombre en cada lista. Pidió la flaca un pastel para su fiesta de muertos; Clau lo hizo con buena miel y tres pisos bien cubiertos. Probó la muerte un pedazo y no se pudo aguantar; se acabó el pastel de un brazo y se olvidó de llevar.

Clau en la fonda

Clau atiende allá en la fonda con la charola en la mano; no hay quien no le corresponda y te sirve muy temprano. Llegó la flaca con prisa pidiendo el menú del día; Clau le dio, con una risa, todo lo que ella tenía. Comió sopa, arroz y guiso y una gelatina entera; y dejó, de mal aviso, un huesito a la mesera.

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