Calaveritas literarias para Clara

Las Claras andan en todos lados: en el salón de clases, en la cocina, detrás del comal y con la tijera en la mano. Estas calaveritas están hechas para ellas, con burla cariñosa y sabor de barrio. La Catrina siempre las busca y siempre acaba sentada a la mesa.

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Clara en la escuela

Clara va todos los días con sus libros y alegrías, lee, escribe, participa, y a la maestra le anticipa. Llegó la muerte al salón a pasar lista y lección; -Clara, dijo, ven acá, que te toca ir para allá. Clara alzó bien la manita y le dijo, muy solita: -Espéreme a la salida, que no acabo la partida. Se quedó la muy calaca sentadita en una hamaca, y aprendió la tabla entera y se fue de pasajera.

Luz de la mañana

Clara, luz de la mañana, cariño de mi ventana, no hay tristeza que resista cuando apareces de vista. La Catrina anda buscando a la Clara que anda amando, pero llega a tu portón y se queda de plantón. -Está oliendo a pan de nata, dijo, y se olvidó la lata; le sirvieron su tacita y una torta bien bonita. Ya no quiere ni llevarte, solo viene a visitarte, y se sienta en tu cocina a esperar tu golosina.

Clara la enfermera

Clara pica sin dolor y le sale del amor, toma presión, da pastillas, y te cura las rodillas. Llegó la flaca de noche muy quejosa, sin reproche; -Me duele todo el costado, y traigo el hueso zafado. Clara la puso en la cama y le dijo: -Ya no hay drama, le vendó desde el copete hasta el hueso del juanete. Le recetó vitaminas y unas cuantas aspirinas; hoy la muerte anda sanita y a Clara nunca la quita.

Clara en la cocina

Clara guisa como diosa, su comida es milagrosa, hace mole, hace tamal, y un pozole sin igual. Y la Catrina se sentó y tres platos se sirvió; repitió con las tortillas, y acabó con las costillas. Se olvidó de su trabajo y pidió comer abajo; ya no le cupo el arroz y perdió toda la voz. Se paró con mucho esfuerzo y pidió para el refuerzo: -Empáqueme lo que sobra, que mañana se me cobra.

Clara la estilista

Clara corta con tijera de la nuca a la mollera, pinta, riza y hace trenza, y hasta arregla la vergüenza. Llegó la flaca pelona y pidió melena mona; Clara le buscó peluca, colorada y muy caduca. Se la puso de ladito y quedó como angelito; se miró y no se creía y bailó de la alegría. Le dejó buena propina y salió como vecina; cada mes la flaca llega, se peina y a nadie entrega.

Los tacos de Clara

Clara pone su changarro en la esquina, con su carro, vende tacos de canasta, y su salsa nunca basta. La calaca pidió cinco y se los comió de un brinco; le echó salsa de la brava, la que a todos les acaba. Se puso roja y sudando y salió corriendo, hablando: -Agua, leche, lo que sea, que se acaba mi tarea. Clara le dio limonada y quedó bien apagada; desde entonces, cada jueves, come cinco y no se mueve.

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