Calaveritas literarias para César

César es el que se ofrece a llevarte aunque le quede lejos. La huesuda lo ha buscado en plena guardia, entre chispas de fierro, con las manos llenas de betún y hasta arriba del camión, y siempre se queda esperando. Aquí van unas calaveritas para todos los Césares que no se dejan de nadie.

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Cesarito y su cuaderno

Cesarito va cantando camino de la primaria; va las tablas repasando y también la letra diaria. Se le apareció la flaca con la lista en el cuaderno; Cesarito, que no ataca, le ofreció su dulce tierno. La flaca se lo comió y se le olvidó el asunto; y en el patio se quedó jugando con el conjunto.

César, mi hijo

Mi hijo César ya está grande, ya ni cabe entre mis brazos; pero siempre que le mande, me regala sus abrazos. Vino la flaca a la casa buscando al más consentido; yo le dije: -Aquí no pasa-, y se quedó sin un ruido. César le llevó una silla y un pedazo de pastel; la flaca, ya sin rencilla, se olvidó de su papel.

César, velador de noche

Don César es velador, se desvela sin temor; con su linterna y su silla vigila toda la orilla. Llegó la flaca a las tres queriendo entrar al revés; César le pidió permiso y hasta credencial de aviso. La flaca no trajo nada, se quedó afuera parada; hoy le lleva un cafecito para pasar despacito.

César y su fragua

Don César trabaja el fierro con el martillo y su perro; hace rejas y ventanas y portones con sus ganas. La flaca quiso encargar un portón para cerrar; César lo hizo tan pesado que ni ella lo ha levantado. La flaca quedó encerrada del otro lado, enojada; gritó tres días seguidos y nadie oyó sus quejidos.

César y sus pasteles

Don César hace pasteles de tres pisos y con mieles; les pone crema y colores y se pelean señores. Llegó la flaca a su fiesta con velitas y su orquesta; César hizo un pastelón y lo comió de un jalón. Le dio un empacho tremendo, y se quedó ahí gimiendo; hoy pide una rebanada y se va sin cargar nada.

César y su ruta

César maneja el camión con la música a montón; se sabe cada parada y no se le escapa nada. Subió la flaca a viajar y no quiso ni pagar; César frenó de repente y la bajó bien de frente. La flaca quedó en la esquina sin saber a dónde atina; hoy paga con su tostón y se sienta en el rincón.

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