Calaveritas literarias para Cecilia

Cecilia responde también a Ceci, y en las dos hay prisa, oficio y buen humor. La calaca la ha buscado en el salón, en la cocina, en el hospital y hasta en la panadería, y nunca le sale la cuenta. Estas calaveritas son para ellas.

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Ceci en el salón

Ceci llega muy temprano con su lápiz en la mano; la calaca entró al salón a pasar lista al montón. Preguntó por las Cecilias y también por las familias; pero Ceci, muy despierta, se escondió tras de la puerta. Sonó el timbre del recreo y la flaca, en el jaleo, se olvidó ya del encargo y jugó buen rato largo.

Cecilia, mi mamá

Se levanta antes que el sol mi mamita, y sin farol; reparte el pan y la miel con su mano y su mantel. Llegó la flaca temprano con su lista y con su mano; pero Ceci, sin voltear, la sentó a desayunar. La huesuda repitió tres veces y se sirvió; se olvidó de la encomienda y hoy va a diario a la merienda.

Ceci la enfermera

En turno de madrugada anda Ceci muy apurada; llegó la flaca al pasillo buscando cama y bolsillo. Ceci le tomó presión y no le halló corazón; la mandó a sala de espera con su ficha y su pulsera. Se durmió en la sala fría esperando todavía; y hoy la flaca, muy formal, saca ficha y va al final.

Cecilia y sus cuentas

Cecilia saca la cuenta de lo que el mes le presenta; vino la flaca a cobrar un alma, sin facturar. Ceci le pidió el recibo, el timbre, el sello, el motivo; la calaca no traía ni la firma de aquel día. Se lo rechazaron todo y salió de muy mal modo; hoy la flaca hace la fila con su carpeta y su pila.

Ceci y su máquina

Ceci cose de mañana vestidos de tela llana; llegó la flaca a encargar un vestido pa' bailar. Ceci le tomó medidas con las cintas conocidas; pero el hueso no dio talla y el vestido fue batalla. Ceci le puso relleno y hasta un moño muy sereno; hoy la flaca es la modelo y hasta cobra sin recelo.

Cecilia y su pan

Cecilia hornea conchitas con azúcar y harinitas; llegó la flaca a la venta con su charola y su cuenta. Se llevó puros bisquetes, dos canastas de roletes; pero a la hora de pagar puso cara de rezar. Ceci la mandó a hornear y a barrer todo el lugar; y hoy amasa cada noche sin bisquete y sin derroche.

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