Calaveritas literarias para Baltazar

Baltazar carga un nombre de rey y lo usa para todo, desde la pastorela de la escuela hasta la orilla del río. La huesuda le ha caído en la vela de la noche, en el taller de costura y hasta en la milpa, y siempre sale corriendo. Aquí van sus versos.

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Baltazar, rey de escuela

A Baltazar le tocó ser el rey allá en la escuela; con corona se vistió y una capa de franela. Se coló la calavera al ensayo, sin permiso; se aprendió la parte entera y salió muy de improviso. Baltazar le dio su parte y bailaron los dos reyes; hoy la flaca sabe el arte y ya no rompe las leyes.

Mi padrino Baltazar

Baltazar es mi padrino, el que cuida y el que vela; me llevó por buen camino sin regaño ni cautela. Fue la flaca a su ventana una noche con el frío; él le abrió de buena gana y le dio el rebozo mío. La calaca entró en calor y se le olvidó el encargo; hoy le manda hasta una flor y no vuelve en tiempo largo.

Baltazar y su red

Baltazar echa la red en la orilla, de mañana; no le gana ni la sed ni la lancha veterana. En la red cayó la huesuda entre carpas y sardinas; salió flaca y salió muda, atorada en las espinas. Baltazar la destrabó y la echó de nuevo al río; desde entonces no volvió por el miedo y por el frío.

Baltazar de noche

Baltazar cuida el portón de la fábrica en la noche; con su termo y su colchón no se le escapa ni un coche. Brincó la barda la flaca a robarse la herramienta; Baltazar sacó la estaca y le levantó la cuenta. La calaca dio la vuelta sin llevarse ni un tornillo; hoy la ronda anda revuelta y hasta firma en el librillo.

Baltazar y su tijera

Baltazar corta la tela con tijera bien templada; hace el traje de la abuela y la falda bien plisada. Fue la Catrina a encargarle un vestido de los caros; él le tuvo que explicarle que sus huesos son muy raros. Le tomó medida al aire porque el hueso no se aprieta; hoy la muerte, con donaire, va a la fiesta muy coqueta.

Baltazar y su milpa

Baltazar siembra temprano el maicito y el frijol; riega el surco con su mano y le canta al mero sol. Llegó la flaca al terreno arrastrando su costal; se llevaba el maíz bueno y no dejó ni un nopal. Baltazar soltó los perros y la yunta detrás de ella; soltó el costal y los hierros y se fue como centella.

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